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El tráfico en las redes IP tiene fundamentalmente dos componentes. Por una parte está el tráfico que se establece entre usuarios y servicios que presta esa red IP. Si se establecen sesiones P2P (Peer to Peer) entre clientes de una misma red IP, ese tráfico permanece dentro de dicha red IP. En cambio, si el cliente busca información que no se encuentra disponible en la red IP, saldrá hacia las interconexiones para buscarlo, en otras redes IP del mismo país, o hacia la salida internacional, en busca de redes IP de otros países donde se conectan los servidores en los que reside la información y/o el servicio que el usuario anda buscando.

Cuando los programas P2P hicieron su aparición se produjo dos efectos principales en las grandes redes IP. Por una parte, el tráfico sufrió un incremento considerable. Por la otra, gran parte de ese incremento fue asumido dentro de las propias redes, ya que se establecían conexiones entre clientes de la misma red. Estamos hablando de la época de oro del emule y demás familiares y los torrents.

Con la aparición de páginas de descarga directa, el perfil del tráfico sufrió un importante cambio. Como los servidores de este tipo de páginas se encontraban en países muy concretos y te ofrecían la posibilidad de acceder a los contenidos de manera mucho más rápida, el tráfico P2P fue decreciendo lentamente a la par que se incrementaba el tráfico que iba dirigido a las interconexiones, en busca de esos pocos países donde residían los servidores de descarga directa. Estamos hablando de Megaupload, Rapidshare y demás familiares.

Ahora llega el FBI y pega un portazo a una de las principales páginas de descarga directa, y el resto aplican el dicho de…cuando las barbas de tu vecino veas pelar…Consecuencias inmediatas, el tráfico de interconexión desciende drásticamente mientras se va recuperando las antiguas costumbres peer to peer.

La moraleja de este cuento es que el tráfico IP crece, más o menos rápido, pero crece. Lo que no sabemos es cómo. Creo que ha quedado claro que las aplicaciones y los usos serán los que determinen como dimensionar y planificar una red IP. No es lo mismo llevarlo todo a un punto o un par de puntos que distribuirlo por toda tu red.

La cuestión es que en cualquier momento puede aparecer cualquier nueva killer application que te vuelva a poner patas arriba los patrones de tráfico de tu red y tire por tierra todas tus previsiones de planificación y gestión de recursos. Con esta incertidumbre manifiesta, una integración entre el plano IP y el plano óptico empieza a cobrar sentido por encima de las pretensiones de algunos jugadores específicos que siempre habían apostado por ello.

La red IP enruta el tráfico estupendamente, pero si no tiene asociada una red óptica que transporte los paquetes de un router a otro, nos vale de bien poco.

En la mayoría de las redes de los grandes proveedores de servicio, red IP y red óptica conforman dos mundos independientes en todos los sentidos, operativo, diseño, planificación, gestión… Pero en estos tiempos revueltos, empieza a  tomar forma la idea de que si dispongo de una planificación flexible , dinámica y conjunta de mis recursos IP y de mis recursos ópticos seré mucho más eficiente a la hora de enfrentarme a nuevos cambios del veleta tráfico IP, afrontándolos de manera ágil, dinámica y por supuesto efectiva en costes.

Eso sólo sería viable si existe algún tipo de integración entre los planos de control de ambos mundos. Es decir, si la red IP se constituye como cliente de la red óptica y es capaz de solicitar servicios de conectividad en tiempo real. Y la red óptica es capaz de servirlos.

Pero esa es otra historia, de la que hablaremos en otro cuento…