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El concepto discursivo de verdad de Habermas se enmarca dentro del contexto de su pragmatismo formal, o trascendental. Habermas caracteriza dicho pragmatismo trascendental mediante tres ejes básicos:

  • Realismo Epistemológico.  Parte de la base de que como el conocimiento no es representación sino interacción, la verdad no es correspondencia, es coherencia. Además el conocimiento es intersubjetivo, dominado por la interpenetración de lenguaje y realidad, y por lo tanto falible. Se juntan procesos activos y pasivos basados en nuestra vida cotidiana, en la que tenemos que suponer un mundo que sería la suma de todas las interacciones, desde el punto de vista epistemológico.
  • Constructivismo moral. El mundo moral se construye mediante una proyección del mundo social, que es inclusivo y donde se despliega una intersubjetividad ideal. Se construye el sustituto ontológico del mundo objetivo.
  • Concepción No epistemológica de la verdad. Partiendo del realismo epistemológico, Habermas defiende que verdad y aseverabilidad justificada son cosas distintas. No es lo mismo la verdad que presuponer la verdad.

De este último punto es del que me encargaré en este intento de aproximación al sistema de Habermas. En cualquier caso, el sistema construido por Habermas, su pragmatismo formal, está constituido por elementos interrelacionados entre sí, por lo que se me ha hecho imposible no hacer referencia a los otros dos ejes, realismo epistemológico y constructivismo moral, para tratar de aclarar la concepción no epistemológica de la verdad que defiende Habermas.

El conocimiento no es representación

Si aceptamos que el conocimiento es representación, tenemos que aceptar la noción de verdad como correspondencia. Y esto a Habermas no le convence nada.

Para Habermas el conocimiento no es representación, es una serie de procesos en interacción,  entre los cuales no existe una clara frontera entre lo pasivo y lo activo. El encontrar, que sería la componente pasiva, se mezclan con el construir, el interpretar y el justificar, que serían las componentes activas.

Los procesos que integra el conocimiento, según Habermas son:

  • Solución de problemas en entornos complejos. Nos enfrentamos a situaciones conflictivas, cargadas de diferentes parámetros a tener en cuenta, en un entorno de interacción con nuestra propia naturaleza, con el entorno (natural, social, cultural…),  y con el resto de individuos con los que lo compartimos dicho entorno. La complejidad está grantizada
  • Justificar validez frente a argumentos. La justiifación tiene que realizarse según convenga, por ejemplo justificarnos a nosotros mismos un comportamiento que a priori no concuerda con el entorno, o defender una opinión frente a otros que opinan algo diferente. Ahí entran en juego tanto la opinión como el conocimiento, muchas veces opinamos sin tener fundamento, o creyendo que nuestro fundamento es correcto, cuando en el fondo puede no serlo.
  • Acumulación por revisión de nuestros propios errores. Cuando el entorno nos falla, cuando no somos capaces de superar nuestras batallas diarias, cuando nos damos cuenta de que el fundamento de nuestra opinión no es verdadero, la base de datos de nuestro conocimiento se incrementa, tanto si encontramos solución como si no.

Además el conocimiento está mediado por nuestra capacidad acción-habla, que siempre tiene un contexto. La intersubjetividad es la clave. Pero las condiciones históricas también tienen un papel relevante a la hora de definir los contextos.

¿Cuál es nuestro proceso de aprendizaje?

En nuestra vida cotidiana tenemos confrontaciones continuamente. Cuando alguna falla, cuando no se cumplen nuestras expectativas, surge la duda. Surge la duda de que el mundo objetivo que presuponemos existente, nos ha fallado. Resulta que no va a ser como presuponíamos que era, y por eso dudamos. Tenemos que sustituir esa duda por nuevas creencias que sustenten de nuevo nuestro supuesto mundo objetivo. Para ello tenemos que usar nuestra creatividad y un nivel superior de investigación y razonamiento. Con ellos conseguiremos las nuevas creencias que restablecerán nuestras rutinas, tanto en la acción como en el discurso.

Pero, ¿por qué a veces nuestra presuposición sobre el mundo objetivo no era correcta? Es decir, ¿por qué a veces nuestro proceso de aprendizaje no es correcto? Porque nuestro conocimiento es falible. No podemos eliminar la intersubjetividad y la subjetividad de nuestro conocimiento. Y ambos, especialmente la intersubjetividad, está asociada a intereses prácticos y al color del lenguaje. Es decir, en romano paladín, normalmente no nos entendemos y vamos a nuestro aire.

Mundo objetivo y mundo de la vida

La realidad presenta una estructura de dos mundos. El mundo objetivo y el mundo de la vida.  El mundo de la vida es el mundo subjetivo, donde desplegamos nuestra vida cotidiana

El mundo objetivo es una presuposición necesaria y sólo podemos acceder a él de manera intersubjetiva. Cuando nos relacionamos con otros individuos mediante acción-habla, presuponemos que hay un único mundo y ese mundo es igual para todos. Necesitamos presuponer un mundo único e igual para todos porque si no no podríamos interrelacionarnos. Necesitamos para jugar todos, compartir las mismas reglas del juego.

El mundo objetivo se despliega tanto en el discurso como en la acción, de manera que el mundo es una suma de objetos más que de hechos, porque los hechos dependen del lenguaje. Un concepto semántico de mundo quedaría definido como sistemas de referencias posibles. En cambio, si queremos establecer un concepto epistemológico del mundo, hablaremos de una suma de interacciones. El mundo sería el esquema conceptual resultante de esa suma de interacciones.

Con esa hipótesis de partida, considerando que lenguaje y realidad están imbricados, ya podemos acceder a la realidad del otro como reflejo del mundo objetivo que compartimos, el mismo para todos.

La verdad trasciende cualquier contexto de justificación

Lenguaje y Realidad se encuentran imbricados, entrelazadas en una relación indisoluble. El lenguaje es la única posibilidad que tenemos de interaccionar con nuestro entorno, y lo hace filtrando la realidad. Eso nos lleva a justificar nuestros enunciados de verdad con otros enunciados que ya damos por verdaderos previamente. Es decir, para afirmar la veracidad de un enunciado tenemos que justificarlo mediante razones. Esto es lo que Habermas llama Racionalidad Comunicativa.

En este caso, al aceptar la relación intrínseca entre lenguaje y realidad, la verdad pasa a ser coherencia, en lugar de correspondencia. Se convierte por tanto en un conocimiento antifundacionalista. El conocimiento, en último extremo no puede ser fundado.

Si afirmamos que la verdad es equiparable a la aseverabilidad justificada, estamos diciendo que la verdad trasciende cualquier contexto de justificación. Y esto, según Habermas no es así. La verdad trasciende cualquier contexto de justificación.

Habermas pone especial hincapié en distinguir lo que es verdad de lo que tiene la pretensión de serlo, lo que (pre)suponemos que es verdad. Para Habermas, los enunciados que son verdaderos, lo son siempre, independientemente del contexto. En cambio, las aseverabilidades justificadas pueden ser verdaderas, pero también pueden ser falsas, porque dependen del contexto en el que se enuncien. Es decir, la aseverabilidad justificada no trasciende cualquier contexto de justificación, sino que depende de él. Por eso no podemos equiparar verdad y aseverabilidad justificada.

El argumento que utiliza para demostrarlo se encuentra en la vida cotidiana. La vida cotidiana se caracteriza por la certidumbre, la sorpresa y la decepción. Nos enfrentamos a nuestra vida cotidiana presuponiendo que existe un mundo objetivo. Y lo hacemos distinguiendo entre conocimiento y opinión.

Existe una relación intrínseca entre conocimiento y opinión, similar a la que se establece entre verdad y aseverabilidad justificada. La relación intrínseca que se establece se revela por la función pragmática del conocimiento.

En nuestra vida cotidiana estamos continuamente oscilando entre las prácticas cotidianas y los debates. Los debates son los que filtran lo racionalmente aceptable. La opinión es necesaria para las prácticas cotidianas. Los debates son necesarios para aprender y evolucionar.

No nos paramos a pensar de manera racional ante cualquier evento que suceda en nuestra vida. Si vivimos en una gran ciudad y tenemos que cruzar un puente, no nos paramos antes de cruzarlo a meditar sobre la eficiencia de los ingenieros que lo han construido, o las estadísticas de derrumbamiento de ese tipo de puentes. Simplemente lo cruzamos porque necesitamos cruzarlo y damos como verdadero el hecho de que ese puente no se va a caer. Basamos nuestra práctica cotidiana en algo que presuponemos verdad.

Pero qué sucede si en vez de en una gran ciudad te encuentras en medio de la selva y tienes que atravesar un puente. En ese momento, sí que te pararás antes de cruzarlo y analizarás si conviene o no hacerlo. Se establecerá un debate. Porque puede que tu práctica diaria de cruzar los puentes sin que se derrumben, que presuponías cierta en tu entorno habitual de gran ciudad, ahora resulta que puede ser falsa. Depende del contexto.

De manera, que nuestra práctica diaria y cotidiana dan por supuestas condiciones de verdad que no tienen por qué serlo, que dependerán del contexto. Y si dependen del contexto ya no estamos hablando de verdad, sino de una aseverabilidad justificada. Es decir, hay un consenso de la comunidad para dar por verdadero algo y se acepta como tal, y lo aceptamos porque nos es necesario para las prácticas cotidianas. Verdad y aseverabilidad justificada no son lo mismo, aunque estén relacionados.

En nuestra vida cotidiana se establece la integración del debate racional a dos niveles, porque además, nuestras creencias tampoco son las mismas cuando se trata de acción o de discurso. Normalmente decimos unas cosas y hacemos otras, como si nos rigiéramos por dos tablas de valores y creencias diferentes.

Tampoco se puede asimilar verdad a corrección normativa. Estamos ante el mismo caso. La verdad está asociada al mundo objetivo, y a la coherencia, aunque ésta último no sea suficiente para asegurarla. En cambio la corrección normativa, que establece qué es lo correcto, podría equipararse a la aceptabilidad idealmente justificada, ya que se trata igualmente de un consenso entre los individuos de la comunidad donde se establece. El predicado correcto se agota en la aceptabilidad idealmente justificada. El predicado verdadero no. Tienen diferentes connotaciones ontológicas.

  • La verdad se mueve en el plano de la ontología, del mundo objetivo, del conocimiento.
  • La corrección normativa, lo correcto o la aceptabilidad idealmente justificada se encuentran en el ámbito de la deontología, de los enunciados morales, de las opiniones.
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Verdad y correspondencia: la teoría semántica de la verdad

La teoría semántica debe reflejar que el lenguaje es un medio privilegiado para la representación de la realidad y ha de incorporar conceptos relacionales que conecten los niveles lingüísticos y ontológicos. Los conceptos son:

  • Referencia
  • Verdad, en ciertas teorías como la fregeana es una variante de la referencia

Y las relaciones son:

  • Designación
  • Correspondencia

El lenguaje se relaciona con la realidad a través de su función referencial y representadora. En esta función hay que colocar el ámbito explicativo de la semántica.

La teoría semántica de la verdad pretende recoger y precisar intuiciones que subyacen a las acepciones más generales del predicado o a sus usos mas comunes. La verdad es una relación entre el lenguaje y la realidad, que consiste, según nuestra intuición, en una relación de correspondencia, lo que se afirma es verdadero o falso según se corresponda o no a lo que realmente existe.

La teoría de la verdad de mayor aceptación es la del lógico polaco Tarski, transmitida en su ensayo La concepción semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica, que presenta dos características primordiales:

  • Teoría definicional. Pretende precisar rigurosamente el significado de la expresión predicativa “es verdad”, al menos en la medida en que aplica a los lenguajes formalizados. Se diferencia así de las teorías de la verdad criteriales que pretenden especificar reglas para averiguar si algo es verdadero o no, por ejemplo la de los positivistas lógicos que hacían depender la asignación de valor veritativo del método (reglas) a seguir en la confrontación del enunciado con la realidad.
  • Teoría semántica. Pone en relación dos niveles: o Sintáctico, propiamente gramatical, se determinan los objetos a que es aplicable el predicado “es verdad”. o Ontológico, en el que reciben interpretación esos objetos.

Condiciones de una teoría de la verdad

Tienen que cumplir dos condiciones

  • Adecuación material. Marco de relaciones del lenguaje para el cual se está definiendo el predicado “es verdad” y el lenguaje al que pertenece ese propio predicado. Impone una restricción sobre la conexión entre el lenguaje objeto y el metalenguaje: han de seguirse enunciados de la siguiente forma: T.O verdadera si y sólo si p. Es decir, toda equivalencia de la forma T, obtenida reemplazando p por una oración particular, y O por un nombre de esa oración, puede considerarse una definición parcial de la verdad, que explica en qué consiste la verdad de esa oración individual. El requisito asegura la sensatez.
  • Corrección formal, en tres aspectos:
    • Diferenciación neta de niveles lingüísticos. Hace referencia a la distinción entre lenguaje-objeto y metalenguaje. El predicado semántico “es verdad” es metalingüístico y pertenece a un nivel diferente del de las oraciones a que se aplica. Si no se realiza esta diferencia obtenemos un sistema semánticamente cerrado con paradojas semánticas como la del mentiroso.
    • Categorías lingüísticas empleadas en cada uno de los niveles. El metalenguaje debe contener los medios expresivos suficientes para referirse al lenguaje objeto, ha de ser al menos tan rico expresivamente como el lenguaje-objeto y ha de poder formar nombres de las entidades pertenecientes a él. El lenguaje objeto está incluido en el metalenguaje en el caso de una lengua que funciona como metalenguaje de sí misma.
    • Especificabilidad de cada uno de los niveles. El lenguaje objeto para el que se efectúa la definición del predicado veritativo debe ser un lenguaje completamente especificado mediante la aplicación de reglas explícitas. Tarski no creía que existieran gramáticas de lenguas naturales lo suficientemente rigurosas como para cumplir este aspecto.

Contenidos de la teoría de la verdad de Tarski

Su objetivo era no utilizar términos semánticos no definidos. Todas las nociones semánticas deben ser definidas en términos semánticos más elementales y en última instancia empleando nociones puramente sintácticas. Es dudoso si lo consiguió o no aunque este requisito tiene mas que ver con preferencias filosóficas que con necesidades prácticas.

La definición de predicado veritativo consta de 4 pasos:

  • Especificación de la estructura sintáctica del lenguaje objeto. En un lenguaje lógico serían las reglas que determinan si una sucesión de símbolos es una expresión bien formada, en una lengua natural sería la gramática. El conjunto de expresiones bien formadas es infinito lo que obliga a que las reglas de formación sean recursivas.
  • Determinación de la estructura del metalenguaje. Debe contener al lenguaje objeto como parte. En el caso de dos lenguajes lógicos el metalenguaje ha de ser de un orden superior. Cuando se trata de lenguas naturales es necesario disponer de traducciones adecuadas del lenguaje objeto al metalenguaje. Además el metalenguaje ha de disponer de expresiones metalingüísticamente apropiadas para expresar la teoría de la verdad: variables metalingüísticas, expresiones lógicas adecuadas…
  • Definición del predicado “satisface en L”. Corresponde a la necesidad de Tarski de no emplear términos semánticos no definidos. En los lenguajes formales existen expresiones abiertas que no son ni verdaderas ni falsas. En las lenguas naturales, las expresiones que introducen indeterminación referencial que pueden variar de un contexto a otro son los pronombres. Las oraciones abiertas son satisfechas o no por un conjunto ordenado de elementos. La definición de satisfacción ha de ser recursiva.
  • Carácter absoluto dado por el hecho de que la teoría de la verdad del lenguaje forma está referida directamente al mundo real, modelo que se ha de utilizar para la interpretación del lenguaje formal o natural. Una oración es verdadera si es satisfecha por todos los objetos y falsa en caso contrario. La verdad es producto de la realidad en que se encuentran los términos en la oración y los objetos en el mundo.

Significado y condiciones de verdad: El programa de Davidson

A finales de los años sesenta, Davidson se dedicó a averiguar que condiciones debe satisfacer una teoría para que pueda considerarse una teoría del significado lingüístico. Y llegó a una serie de conclusiones.

  • Una de ellas es que debía poder derivar enunciados de la forma (S) O significa p donde O es una descripción de cualquier oración perteneciente a la lengua natural y p el significado de tal oración. La primera dificultad es establecer la potencia o capacidad de una teoría así, el número de oraciones (S) que es capaz de producir. Evidentemente es infinito, por lo que quedan excluidas las teorías semánticas que constituyen enumeraciones de oraciones emparejadas con sus significados. El requisito de completud exige teorías recursivas con un conjunto finito de reglas para la derivación del conjunto infinito de teoremas o enunciados (S). La recursividad es una contraparte de la creatividad o productividad de los hablantes, la capacidad para producir y entender cualquier oración significativa de su lengua. La posesión o asimilación de esos mecanismos recursivos es la que garantiza el aprendizaje de las lenguas.
  • Otra es que los significados de las oraciones dependen de los significados de las palabras, es decir, se refiere al principio de composicionalidad formulado por Frege, donde la descripción del significado de una oración ha de mostrar cómo contribuyen los significados de sus elementos al significado global de la misma, es decir, la teoría semántica ha de dar cuenta de la estructura combinatoria, tal descripción estructural exhibe la forma en que se combinan los significados en el seno de la oración.
  • El núcleo central del problema de la especificación del predicado “significa que p” en los enunciados (S) es la vaguedad de “significa que p” y la indeterminación de lo que p designa. El núcleo de la solución consiste en sustituir estas expresiones por otras equivalentes, que ejerzan la misma función y satisfagan idénticas condiciones. Dar el significado del predicado “significa que” es especificar otro predicado extensionalmente equivalente, sometido a las mismas restricciones.

El candidato mas evidente es el de verdad, las restricciones formales que Davidson exigió a la teoría del significado se corresponden prácticamente con las que Tarski enunció para la teoría de la verdad. El significado de una oración está determinado cuando se expresan sus condiciones de verdad. La peculiar metodología de Davidson al proponer una teoría del significado pretende ajustarse a intuiciones semánticas comunes, al menos en las oraciones declarativas donde conocer lo que significa una oración conlleva decir cuándo es verdadera.

Conocer las condiciones de verdad de una oración no es lo mismo que conocer su método de verificación, y esa es la distancia que separa la concepción semántica del significado de la teoría verificacionista del positivismo. Conocer las condiciones de verdad de un enunciado significa poder describir el hecho que hace verdadero a dicho enunciado, impensable sin la comprensión del enunciado.

Lo que propuso en definitiva fue tratar un problema intencional, el de la asignación de significado, en términos extensionales, en términos de la noción de verdad. Definir conceptos semánticos típicos de tal modo que su aplicación estuviera determinada por un conjunto de reglas claras y explícitas, conjunto recursivo de reglas que constituyen la teoría de la verdad para una lengua.

La propuesta de Davidson de considerar semánticamente explicativa la teoría de la verdad chocaba con dos objeciones de principio, aunque ninguna de ellas le pareció importante:

  • El carácter semánticamente cerrado de las lenguas naturales. En las lenguas naturales se pueden formar paradojas semánticas basadas en la indistinción de modelos semánticos, aunque según Davidson es un hecho marginal de escasa repercusión práctica ya que los problemas semánticos interesantes son bastante menos sofisticados.
  • La existencia generalizada de la ambigüedad. Aproximando cada vez más el lenguaje formal a las estructuras de la lengua natural, se irá consiguiendo simultáneamente la expresión de descripciones estructurales de las oraciones de la lengua natural y la formulación de sus condiciones de verdad.

La estrategia es enriquecer el lenguaje formalizado hasta hacerlo lo suficientemente expresivo como para representar la riqueza estructural propia de las lenguas naturales. Pero existen problemas de índole interna en la aplicación de su teoría semántica. Por ejemplo las dificultades de precisar una “descripción estructural” de una oración; una descripción sintáctica o gramatical no aportaría luz sobre la forma en que el significado de los componentes de la oración contribuyen a las condiciones de verdad. Sólo la estructura lógica muestra cómo contribuyen las partes de una oración a la fijación de sus condiciones de verdad:

  • En una oración simple mediante la conexión de sujeto y predicado
  • En una oración compleja mediante la semántica veritativa de las conectivas lógicas

De manera que por descripción estructural debe entenderse descripción de la forma lógica. El programa de investigación de Davidson consta de una parte analítica que consiste en la asignación de formas lógicas a las construcciones de la lengua natural. Parte de las lenguas naturales son susceptibles de una formalización más o menos directa. Pero la inmensa mayoría no pertenecen a esta clase, no existe una teoría lógica en la cual sean formalizables de una manera directa.

Demostrativos

El análisis de los demostrativos, elementos deícticos en general, desempeña un papel central en la teoría de la verdad.

Los demostrativos ponen de relieve que una teoría de la verdad para una lengua natural debe dar cuenta del hecho de que muchas oraciones varían de valor de verdad dependiendo del momento en que se pronuncian, del hablante y quizás incluso de la audiencia.

Los elementos deícticos son los elementos de la oración que hacen referencia directa al contexto o situación. No es posible determinar su referencia si no se tiene conocimiento de quién es el hablante, el oyente y la situación.

Resulta que es improbable que se pueda asignar condiciones de verdad fijas a oraciones de una lengua, incluso las que tienen como función describir hechos. La práctica totalidad de las oraciones de una lengua están sujetas a variabilidad de sus condiciones de verdad, originada por la presencia de elementos deícticos. Sin la precisión de la noción de contexto la verdad resulta indeterminada.

Subordinación completiva proposicional

La subordinación completiva en las lenguas naturales es muy frecuente. En este tipo de construcciones ya había advertido Frege las dificultades en la aplicación del principio de composicionalidad: el valor de verdad no constituía una función de la referencia de sus elementos componentes.

El enfoque de Davidson es ligeramente diferente, pero el problema de fondo es el mismo: la asignación de una forma lógica que prediga correctamente las condiciones de verdad de este tipo de oraciones.

Davidson propone considerar al pronombre relativo que como si fuera un demostrativo. El que apunta a modo de deíctico a una referencia, pero no tiene por qué ser una idea. Este análisis, que evita muchos de los inconvenientes de los propuestos por otros filósofos del lenguaje no carece a su vez de problemas, el principal de los cuales es precisamente el de la dificultad de determinar la equivalencia veritativa de dos proferencias sin acudir a la identidad de su significado.

Oraciones de acción

Las oraciones de acción incluyen un predicado que describe una acción realizada por un sujeto. El análisis lógico tradicional de estas oraciones les asignaba una forma relacional en la que el predicado de acción liga los diversos elementos entre los que se da la acción.

No resulta satisfactorio este análisis tradicional porque no da cuenta de ciertas inferencias intuitivamente correctas en la lengua natural. Para remediar esta deficiencia de las propuestas tradicionales, Davidson mantuvo que hay que entender estas oraciones como afirmaciones cuantificadas sobre eventos o acontecimientos. Esta estructura lógica admite variables sobre eventos, y puede reflejar la modificación adverbial de los complementos como predicados de tal evento.

Observaciones preliminares

Por una parte tenemos unas teorías científicas que son construcciones humanas y están sujetas a cambios y desarrollos tal vez incesantes. Por otra, tenemos el mundo al que se pretende aplicar estas teorías y cuyo modo de comportamiento, al menos en el caso del mundo físico, no está sujeto a cambios. ¿Cuál es la relación entre las dos esferas?

Las teorías aspiran a describir qué es realmente el mundo. El instrumentalismo entiende las teorías como instrumentos. El realismo conlleva normalmente la idea de verdad, ya que la ciencia aspira a dar descripciones verdaderas de lo que es realmente el mundo. El mundo existe independientemente de nosotros como conocedores y es como es independientemente de nuestro conocimiento teórico sobre él. Las teorías verdaderas describen correctamente esa realidad. El instrumentalismo conllevará también normalmente una idea de verdad, pero de forma más restringida. Las descripciones del mundo observable serán verdaderas o falsas según lo describan o no correctamente. Sin embargo, las construcciones teóricas, que están destinadas a darnos un control instrumental del mundo observable, no serán juzgadas por su verdad o falsedad, sino más bien por su utilidad como instrumentos.

La idea de que la ciencia aspira a dar una definición verdadera de la realidad es utilizada a menudo como contrapunto al relativismo. Una teoría puede ser verdadera aun cuando nadie crea en ella y puede ser falsa aun cuando todo el mundo crea en ella. Las teorías verdaderas, si es que de hecho son verdaderas, no lo son en relación con las creencias de unos individuos o grupos. La verdad, entendida como una correcta definición de la realidad, es verdad objetiva para los realistas como Popper.

Instrumentalismo

El instrumentalismo, en su forma más radical, conlleva una clara distinción entre los conceptos aplicables a las situaciones observables y los conceptos teóricos. Las descripciones del mundo que conllevan entidades observables describen cómo es en realidad el mundo, pero no ocurre así con las descripciones de los sistemas que conllevan conceptos teóricos.

Las teorías científicas no son más que conjuntos de reglas para relacionar un conjunto de fenómenos observables con otro. Los amperímetros, las limaduras de hierro, los planetas y los rayos de luz existen en el mundo. Los electrones, los campos magnéticos, los epiciclos ptolemaicos y el éter no.

Si hay cosas que existen en el mundo además de las cosas observables y que quizá sean responsables del comportamiento de las cosas observables, eso es algo que no interesa al instrumentalista ingenuo. No es asunto de la ciencia establecer lo que puede existir más allá del reino de la observación.

La crítica más fundamental sea la que atañe a la clara distinción que establece el instrumentalista entre las entidades observacionales y las teóricas. El hecho de que todos los términos observacionales tienen una carga teórica se defendió ampliamente en La Observación depende de la Teoría. Los planetas, los rayos de luz, los metales y los gases son el algún grado conceptos teóricos y adquieren, al menos en parte, su significado en la red teórica en la que figuran.

La postura instrumentalista ingenua descansa en una distinción que no existe. El hecho de que las teorías puedan conducir a predicciones nuevas constituye algo molesto para los instrumentalistas. Podemos esperar que la postura realista sea más productiva que la instrumentalista.

La teoría de la verdad como correspondencia

La postura realista típica conlleva una idea de verdad según la cual se puede decir que las teorías verdaderas dan una descripción correcta de algún aspecto del mundo real.

La idea general de teoría de la verdad como correspondencia parece bastante sencilla y puede ser ilustrada con ejemplos sacados del discurso ordinario de tal forma que parezca casi trivial. Según esta teoría, una frase es verdadera si corresponde a los hechos. Una frase es verdadera si las cosas son como dice la frase que son y falsa si no lo son.

Un problema de la idea de verdad es la facilidad con que su uso puede llevar a paradojas, por ejemplo la llamada paradoja del mentiroso: Si afirmo “Nunca digo la verdad”, si lo que digo es verdad, lo que digo es falso.

La cuestión importante es: ¿Es la idea de verdad propia del sentido común, suficiente para dar sentido a la afirmación de que la verdad es la finalidad de la ciencia?. Chalmers argumentará que no lo es.

Problemas de la idea de verdad propia del sentido común

Los acontecimientos que se producen durante la ejecución de un experimento son en cierto sentido ocasionados por agentes humanos. Aunque es cierto que las conjunciones de acontecimientos relevantes para la comprobación de las leyes son ocasionadas por seres humanos, las leyes que son comprobadas gracias a los experimentos no son ocasionadas por seres humanos.

Debe hacerse una distinción entre las leyes de la física y las secuencias de acontecimientos normalmente producidos en una actividad experimental, que constituyen la demostración de esas leyes.

Si pienso que la física es una búsqueda de la verdad, las correspondencias implícitas son fundamentalmente diferentes de las que se expresan. Las leyes físicas seleccionan ciertas propiedades o características que pueden ser atribuidas a objetos o sistemas del mundo y expresan las formas en que tienden a comportarse estos objetos o sistemas en virtud de aquellas propiedades o características. En general, los sistemas del mundo poseerán otras características además de las seleccionadas por una determinada ley, y estarán sujetos a la acción simultánea de tendencias en su comportamiento asociadas a estas características adicionales. Por ejemplo, una hoja que cae es a la vez un sistema mecánico, dinámico, químico, biológico, óptico y térmico. Las leyes de la naturaleza se refieren a tendencias transfactuales.

Tomemos como ejemplo la primera ley del movimiento de Newton. Ciertamente, ningún cuerpo se ha movido jamás de una forma que ejemplifique perfectamente esta ley. Si la ley es correcta, todos los cuerpos la obedecen, aunque rara vez tengan la posibilidad de demostrarlo. El propósito de la experimentación es darles la posibilidad de demostrarlo. Si las leyes de Newton son verdaderas, lo son siempre. No son verdaderas sólo en condiciones controladas experimentalmente. Pero habitualmente van acompañadas de la acción simultánea de otras tendencias. Si las leyes de Newton corresponden a algo, es a unas tendencias transfactuales, que son muy diferentes de unos estados de cosas localizados.

Consideremos algunas razones para dudar de que la física pueda ser concebida como una búsqueda de la verdad. Un ejemplo notable sería, en el progreso de la óptica, desde Newton hasta hoy en día, encontramos que el rayo de luz es descrito primero como una corriente de partículas, luego como una onda y luego como algo que no es ni una corriente de partículas ni una onda. ¿Cómo puede esta secuencia de teorías ser concebida como un progresivo acercamiento a una descripción verdadera de lo que es el mundo realmente?. Este problema surge, aunque no siempre de forma tan clara, cada vez que hay un avance revolucionario en la física.

Otro problema para la aplicación de la teoría de la verdad como correspondencia a la física se refiere al hecho de que a menudo hay formulaciones alternativas y muy diferentes de la misma teoría. Ejemplos serían las formulaciones alternativas de la teoría electromagnética clásica: en términos de campos electromagnéticos que ocupan todo el espacio y en términos de cargas y corrientes localizadas que actúan a distancia, estando las acciones expresadas en forma de potenciales propagados con la velocidad de la luz. Otros ejemplos son las diversas formulaciones de la mecánica clásica y la mecánica cuántica. Parece ser que hay grandes posibilidades de que algunas de estas formulaciones alternativas sean equivalente, en el sentido de que cualquier cosa que pueda ser predicha o explicada por una puede ser predicha y explicada por otra. Las alternativas equivalentes de este tipo, si es que lo son, constituyen un estorbo para los defensores de la teoría de la verdad como correspondencia.

Una dificultad adicional para los defensores de la teoría de la verdad como correspondencia se deriva del hecho de que nuestras teorías son productos humanos sujetos a desarrollo y cambio, mientras que el modo de comportamiento del mundo físico, que es el objeto de estas teorías, no lo es. La versión intransigente de la tesis de que la finalidad de la ciencia es la verdad choca con la simple observación. Desde el punto de vista de la teoría de la verdad como correspondencia, la meta ideal de cualquier rama de la ciencia será la verdad absoluta u objetiva.

La aproximación a la verdad de Popper

Para Popper, las teorías del pasado que han sido reemplazadas son falsas a la luz de nuestras teorías actuales, mientras que por lo que respecta a las físicas modernas einsteniana o cuántica, no podemos saber si son verdaderas. De hecho, son muy probablemente falsas y susceptibles de ser reemplazadas en el futuro por teorías superiores. A pesar de esta falsedad, los falsacionistas como Popper gustan de decir que la ciencia progresa acercándose cada vez más a la verdad. Se ven obligados a decir que la teoría de Newton está más cerca de la verdad que la de Galileo, aún cuando ambas sean falsas.

Popper intentó dar un sentido a la aproximación a la verdad o verosimilitud, como la llamó, en términos de las consecuencias verdaderas y falsas de una teoría. Si llamamos al conjunto de todas las consecuencias verdaderas de una teoría su contenido de verdad y al conjunto de todas las consecuencias falsas de una teoría su contenido de falsedad, podremos decir, citando a Popper:

suponiendo que el contenido de verdad y el contenido de falsedad de dos teorías t1 y t2, sean comparables, podemos decir que t2 es mucho más parecida a la verdad o corresponde mejor a los hechos que t1 si:

a) el contenido de verdad de t2 es mayor que el de t1, pero no su contenido de falsedad, o

b) el contenido de falsedad de t1 es mayor que el de t2, pero no su contenido de verdad y sólo en ese caso

Si suponemos que el tamaño de los dos conjuntos es medible, podremos decir que la verosimilitud de una teoría es algo parecido a la medida de su contenido de verdad menos la medida de su contenido de falsedad.

A medida que progresa una ciencia, la verosimilitud de sus teorías aumentan ininterrumpidamente.

La concepción popperiana del progreso como aproximación sucesiva a la verdad tiene un carácter instrumentalista que no está de acuerdo con sus aspiraciones realistas.

Si consideramos los cambios revolucionarios en el desarrollo de la física, entonces la teoría reemplazada como resultado de la revolución no es sólo inadecuada a la luz de la teoría que la reemplaza, sino que atribuye rasgos al mundo que éste no posee. Por ejemplo, la teoría de Newton atribuye una propiedad de masa a todos los sistemas o partes de sistemas del mundo, mientras que, desde el punto de vista de la teoría de Einstein, no existe tal propiedad. La masa einsteniana es una relación entre un sistema físico y un marco de referencia.

Como hemos visto, tanto  Kuhn como Feyerabend  han subrayado hasta que punto el mundo mecánico descrito por la teoría de Newton es diferente del mundo descrito por la teoría de Einstein. Las concepciones anticuadas e inadecuadas de masa, fuerza, espacio y tiempo, que son utilizadas en la formulación de la teoría newtoniana, son transmitidas a todas sus consecuencias deductivas. Por consiguiente, si hablamos estrictamente de verdad y falsedad, todas esas consecuencias deductivas son falsas. El contenido de verdad de la teoría de Newton es nulo, como el contenido de verdad de todas las teorías mecánicas anteriores a Einstein. El contenido de verdad de la propia teoría de Einstein tal vez resulte ser nulo después de una futura revolución científica.

Visto de esta forma, el intento de Popper de comparar las teorías falsas comparando sus contenidos de verdad y falsedad, y concibiendo así la ciencia como una aproximación a la verdad se viene abajo.