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Monasterios de Armenia. Noravank

Publicado: 24 enero, 2017 en Viajes
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24 de Marzo de 2016

Los monasterios armenios son apasionantes por sí mismos. Pero si añades a la experiencia entorno y ubicación, ambos siempre espectaculares, incrementas considerablemente el gozo y la satisfacción estética y espitual: montañas nevadas y bosques, cañones y valles… y al final, ubicado en un espectacular cañón esta vez, aparece Noravank.

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Aunque el monasterio fue fundado en 1205, se asienta sobre los restos de una iglesia del siglo IX. una vez refundado, pasó a ser el mausoleo de los orbelianos, descendientes de Orbelio, uno de los que se hicieron con el poder cuando el control de Armenia por parte de los selyúcidas estaba en franca decadencia.

Este complejo monástico está compuesto por una iglesia principal, San Juan  el Precursor, precedida por un gavit y completada por la iglesia de San Gregorio.

Los gavit son un recurso arquitectónica exclusivo del arte armenio. Podríamos asimilarlo a un nártex, o a un atrio, que aparte de entrada puede hacer las funciones de mausoleo y sala de reuniones. Al principio eran salas más o menos alargadas, con bóvedas sostenidas por arcos dobles y con un linterna en el centro denominada erdik. Posteriormente las salas fueron cuadradas con cuatro columnas con una cobertura dividida en nueve secciones y provista de una cúpula en el centro. Al final desaparecieron las columnas, pero seguía existiendo una cobertura de arcos cruzados. Una pasada cualquiera de ellos.

La iglesia armenia, al igual que la mayoría de variantes cristianas, manda cubrir los altares  con mantos púrpuras o negros  durante la semana santa, como símbolo de respeto y luto. En la Iglesia de San Gregorio vimos como sí se cumplía esta máxima.

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Junto a San Juan y San Gregorio, completan el complejo, delimitado por murallas, la iglesia de Santa Madre de Dios, con una portada increíble.

En el complejo monástico además se construyeron una serie de edificios civiles tanto dentro como fuera de los muros. Los monasterios realmente eran el punto neurálgico de la vida de la zona, además de un lugar sacro exento de riesgo. Su ubicaciones son espectaculares y estratégicas; emplazamientos amurallados en zonas elevadas, en clara actitud defensiva. El pueblo necesitaba un sitio donde guarecerse cuando acontencían correrías…que las había: por aquella los mongoles, que derrocaron a los selyúcidas que a su vez fulminaron a los bizantinos. Después invadieron otomanos, safávidas, rusos y entre ellos se repartieron las tierras groso modo y groso modo los turcos masacraron al pueblo armenio.

Genocidio que no está reconocido por los principales organismos planetarios, y sólo algunos países han manifestado públicamente su reconocimiento.  Ciudadano Yo brinda su fraternal apoyo al pueblo armenio.

 

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Ojalá Palmira

Publicado: 23 mayo, 2015 en Viajes
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Cuando ví una imagen del asedio de Palmira en Homs, se me saltaron las lágrimas. No pude evitarlo. Tanta maldad, tanta ignorancia.

Siria ha sido una de mis mejores experiencias viajeras, corta pero extremadamente intensa. La más entrañable y que mayor huella me ha dejado, porque allí encontré la mejor calidad humana del planeta. De mi planeta, de lo que he podido apercibir, aprehender, aprender, sentir y vivir en los viajes que he tenido la suerte de poder realizar.

Desde que empezó el conflicto -empezar por decirlo de alguna manera- una enorme pesadumbre me sobrevuela regularmente. Qué pena que un pueblo, un gran pueblo, tenga que devenir inmerso en estos denostables acontecimientos. Qué sufrimiento vive el ser humano a lo largo del Planeta. Qué verdad tan grande escribió Plauto, esa que luego Hobbes interpretó en el Leviatán. Sí, esa : “homo homini lupus”.

Pero cuando el odio trasciende al ser vivo y se ceba con la historia, es cuando ya no entiendo nada, si alguna vez entendí algo… En estos momentos de angustia, y anticipando cual pitonisa agorera lo peor, con tanta pena como deseo de que no suceda, quiero compartir las fotos que hice en Enero de 2006, para que, simbólicamente, la belleza y la historia de  esta extraordinaria ciudad y la dignidad del pueblo que sufre prevalezcan sobre la maldad y la ignorancia.

Mi llamada desesperada; un grito vacío, pero así construyo  mi planeta.

VALLES DE LAS TUMBAS

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Antes de llegar a Palmira, dirigiéndose hacia las montañas desde el pueblo, hay una zona cuajada de tumbas. Torres cuadradas de piedra maciza donde se almacenan los cuerpos de cientos de personas. Un ambiente lóbrego y a la par solemne se respira dentro de estas construcciones que conforman una de las necrópolis mas interesantes que he visto.

TEMPLO DE BAAL

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Justo enfrente del arco donde el Decamenus invita a entrar  a la ciudad, se encuentra el templo de Baal, dios supremo feniciocananeo. El templo era un lugar de culto, de sacrificio, de ocio y de encuentro. Mientras paseas descubre referencias a historias bíblicas en las piedras más inauditas. El altar del sacrificio se encuentra en un lugar privilegiado, enmarcado por un tenebroso canal por donde fluía la sangre de los animales sacrificados. Mientras algunos sacrificaban grandes animales como ofrenda para obtener el beneplácito del supremo Baal, en el otro lado del templo otros pasaban horas de asueto conversando en las escalinatas y los muros,  y jugando a juegos ancestrales con piedrecillas y  agujeros horadados en la roca.

LA CIUDAD

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El Decamenus es la gran vía central que articula la ciudad, de más de un kilómetro de longitud. Recorrerlo sin desviarse a alguno de los flancos a cada momento es misión imposible, hay que ir dejándose llevar por todo lo que desborda en todas direcciones, es una sensación de auténtico placer. Todo alrededor es bello, hermoso. Nadie lo visita, nadie lo cuida. No encontramos en todo el día a nadíe más que al guardián de las llaves. Unas llaves que abrían y cerraban muy pocas puertas. La ciudad es accesible por todos sus frentes, sin ningún tipo de delimitación más que las propias piedras que gritan su historia. Los restos de frisos, columnas y demás parafernalia arquitectónica yacen erosionados sobre el suelo, como escombros de una historia inconclusa. La soledad del entorno y  la desolación del poco cuidado que se le prodigaba no hizo más que enardecer la expericencia. Una de las mejores experiencias arqueológicas de mi vida. Sin duda.

EL MOMENTO

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Subimos a la ciudadela al anochecer, para contemplar la majestuosa ciudad y la puesta de sol. Cuando se hizo completamente de noche, acompañados de una darbuka y unas cervezas nos fuimos de botellón al Tretapylon. Allí comenzamos un periplo por los sitios más emblemáticos de la ciudad, el ágora, el mercado, el teatro…En cada uno de ellos nos dejábamos llevar por la magia del entorno y de la música, mientras disfrutábamos de una experiencia única e irrepetible.

Ojalá Palmira…

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Hoy es el último día, y nos hemos dejado para el final, lo más grande. Ayasofia. Hemos pasado infinidad de veces por la gran plaza que separa la mezquita azul de Santa Sofía, y desde luego, impresiona mucho más la mezquita. Ayasofia se ve humilde a su lado, puedes hasta llegar a pensar que es mucho más hermosa la mezquita azul. Pero en cuanto entras en Hagia Sofia las cosas vuelven a su sitio natural. Es uno de los edificios más hermosos del planeta. Sin duda. Espectacular. Grandioso. Impresionante. ¿Cómo pudieron construir algo tan inmenso y hermoso? Sofia significa sabiduría. Es un templo dedicado a la gran sabiduría, se sobreentiende que la de Dios. Cómo hicieron esa cúpula fue un gran misterio, y por tanto no pudo repetirse. Los frescos y mosaicos del interior son absolutamente maravillosos, te enajenan por completo. La grandiosidad del interior te supera. Estuvimos más de tres horas extasiados. No queríamos salir de allí. Pero tuvimos que hacerlo, había que aprovechar el día. Reposando ya unas semanas despues, tengo la certeza que con sólo esta visita el día estuvo más que aprovechado, mas bien el viaje entero. Sin duda.

Fuimos paseando hasta Kuçuk Ayasofia Camii, pequeña Santa Sofia, o antigua iglesia  de San Sergio y San Baco. Esta vez sí que tuvimos suerte, y estaba abierta. Su nombre se debe a que fue usada como modelo para la construcción de Ayasofia. Pero desde luego, a escala. Estamos hablando del siglo VI, nada queda de la iglesia original, el interior es muy blanco y con columnas de mármol preciosas. Es más interesante desde el punto de vista del edificio, aunque no deja de tener un interior muy hermoso y un poco diferente a la mayoría de las mezquitas de la ciudad.

A la salida, fuimos caminando en dirección a Eminönü y nos paramos a comer en Ziya Baba, un lokantasi estupendo, con un señor muy amable. No paraban de entrar turcos a comer sopa de lentejas. Debía estar buenísima, pero nosotros comimos un kofta y un kebap adana, los dos acompañados de bulgur. Delicioso, la carne y el acompañamiento. Para beber unos ayran, que es la bebida tipica en muchos paises asiáticos, por ejemplo en India le llaman lassi. Son bebidas a base de yogurt. Muy refrescante y estupendo para acompañar platos picantes. Vamos, que fue un auténtico homenaje y nos salió por 20 liras turcas. Recomendable 100%

Nos encontramos la Soküllu Sehit Mehmet Paça Camii y Kur’an Kursuo, que lo que viene a significar es que era mezquita y centro de enseñanza del corán. El edificio es impresionante, un interior muy hermoso, además estaba entrando el sol por las vidrieras y creaba un efecto y un ambiente mágico. El patio de la mezquita tenía unos pórticos, bajo los cuales estaban las diferentes clases a las que asistían los alumnos, varones por supuesto. Hay un señor que te pide donativo en la puerta, desde luego merece la pena pagarlo.

Llegamos paseando al hipódromo y cogimos el tranvía, nos bajamos en Tophan, pasado el puente de Gálata. Allí vimos una mezquita cuyo nombre no pudimos averiguar, pero que se ve desde el barco, y tiene una arquitectura muy peculiar. LLegamos tarde para ver la puesta de sol, pero el cielo estaba tornándose naranja radioactivo y nos quedamos un rato contemplándolo.

Desde allí paseando llegamos a la torre Gálata de nuevo y en un agradable bar de madera, bajando una de las cuestas, nos tomamos  unos zumos de granada. Había que repetir, estaban demasiado buenos. Seguimos andando y cruzamos a pie el puente de Gálata, y camino de Sultanahmed nos paramos en Haifa Mustafa a comprar unos baklava para traer, un par de cajas de a kilo que luego al llegar a casa apenas duraron 3 días…repartiendo claro!!!! aunque algunos cayeron en la buchaca. Que peligro tienen estos pastelitos.

Como estaba al lado, entramos en la mítica estación Sirkeçi, donde terminaba el más mítico aún Orient Express. Visita ideal para románticos y una despedida de la ciudad muy apropiada.

Llegamos bastante cansados al hotel, preparamos las maletas porque salíamos de madrugada y había que tenerlo todo listo. Y nos fuimos a cenar pescaíto. Anbiyik Balik Evi Fish House, empezamos por  una ensalada de pulpo con yogur y pepino, exquisita, el pulpo supertierno y unos salmonetitos fritos, muy ricos, muy frescos y muy bien fritos. Luego nos tomamos una dorada a la brasa, con una presentaación espectacular, diría yo que hasta un poco hortera, pero estaba deliciosa, con lo que ya te daba menos verguenza comértela ;). Venía en una bandeja redonda inmensa, en cuyo centro había otro piso encima del cual ardía una llama rodeada de cisnes de papel albal, impresionante documento. La dorada abierta en dos lomos, sobre hojas inmensas de lechuga y trozos de patata, tomate y pepino repartidos artísticamente. En fin, estaba muy buena que era lo  importante. Músicos en directo, quizás con demasiado volumen, y no siempre con música tradicional. De postre fig, que son unos higos con frutos secos macerados con clavo, canela y miel, los puedes ver por los bazares. Muy ricos. Todo acompañdo de un Avanos Kapadokya, vino tinto de la Capadocia,  buenísimo, con  un punto intenso y caramelo espectacular. Definitivamente los turcos saben hacer buen vino. Pastonazo claro, 250 liras turcas. A ver, el pescado estaba muy bueno, probablemente sea el único pais que he visitado donde tienen un buen pescado y saben cocinarlo, pero lo pagas a precio de oro. En España tenemos mejor pescado y a mejor precio, en comparación, por lo tanto, no creo que coma pescado cuando vuelva a Estambul. Mejor me dedicaré a los kebap y los kofta, que son mucho más barato y están deliciosos. De los lahmacun ni hablamos que me pongo a salivar…

El viaje concluye con la certeza de que volvemos. Volveremos a Constantinopla, y a Bizancio, y a Estambul. Se respira magia e historia en esta ciudad. Es un enclave privilegiado con muchos secretos por descubrir. Volveremos.

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Esto de tener WiFi en la habitación es un lujo. Hemos ido viendo día a día el tiempo que hacía y los horarios de los sitios que nos quedaba por visitar, para planificar el viaje de manera mucho más eficiente. Hoy iba a llover, así que decidimos utilizar el día para cosas que estuvieran cerca y cubiertas.

La opción fue clara. Comenzamos por el Palacio Topkapi y continuamos con el Museo Arqueológico.

El palacio Topkapi, Topkapi Sarayi, me decepcionó un poco. Como edificio arquitectónico la verdad es que está bien, pero cuando lleva la palabra palacio por delante, me esperaba otra cosa. Es sobrio. Quizás, la culpable de todo sea la Alhambra, pero es que los españoles estamos muy mal acostumbrados, tenemos un patrimonio envidiable. También quizás algo tenga que ver el hecho de que era el cuartel general del imperio otomano, una zona de gestión, de trabajo, donde paraban los jenízaros y demostraban su conformidad o no con el salario que percibían según comían o no las viandas que le servían de las impresionantes cocinas, con infinitas chimeneas, que por cierto andaban cerradas y no pudimos ver.

Pasear por los patios es curioso, los azulejos de algunas zonas son muy vistosos, la Casa de la Circuncisión especialmente, la fachada es una maravilla. Pero para mí lo mejor fueron los tesoros. Realmente te quedas impresionado de la riqueza y de la ostentación de la misma que hacían los sultanes otomanos. Las joyas son increíbles, el tamaño y la belleza de las piedras preciosas es descomunal. Los tronos también son espectaculares. Te da una idea bastante clara del poder que tenían los dirigentes otomanos. Impresiona y mucho.

La Cámara del Consejo Imperial estuvo interesante, cuantas decisiones importantes se habrán tomado entre estos muros. Pero vaya, en líneas generales, y comparando con lo que habíamos visto hasta el momento y lo que teníamos reservado para mañana, el palacio Topkapi pasó sin pena ni gloria,

Nos cogimos la audioguia, porque en algún sitio habíamos leido que era imprescindible, y nos pareció una tomadura de pelo. No contaba casi nada y además la mayor parte de lo que contaban eran perogrulladas. Una buena guía de viajes es más que suficiente, seguro que te cuenta más cositas.

El Harén es otra cosa. Esto sí que merece la pena, además tienes el pequeño detalle de que, como se paga aparte y la infinita mayoría de los turistas va con el tiempo justo para verlo todo en tiempo récord, está casi vacío. Una delicia pasear por las diferentes estancias y salas, ricamente decoradas. Son las habitaciones personales del sultan y de su familia, y es recomendable 100%. Desde luego, si tienes que escoger entre las dos alternativas, el Harén sin discusión. Hay habitaciones de una belleza sobrecogedora, y te da una idea mucho más clara de cómo era la vida privilegiada de la familia del sultán. En total, entre palacio y Harén estuvimos 3 horas y media.

Luego pasamos, bajando por los jardines del palacio, al Museo Arqueológico. A poco que te interese el tema, es absolutamente imprescindible. Hasta que no entras, no te puedes creer la cantidad de cosas que tienen. De todas las épocas y de las civilizaciones y ciudades más importantes de la historia de la Humanidad. Menos mal que descansamos un rato en una cafeteria acristalada que hay fuera del museo, tomando un café turco, porque nos esperaban casi cuatro horas de museo. ¿Quien era Stendhal, este del síndrome? No ha venido.

Tracia, Troya, Chipre, Anatolia, Siria, Palestina, Egipto y por supuesto Bizancio. Impresionante. Desde restos de la puerta de Ishtar, de Babilonia, el sarcófago de Alejandro Magno, que aunque se llama así no es de Alejandro Magno, el sarcófago de las plañideras, restos de tumbas de Palmira, restos de Troya, la necrópolis de Sidon yo diría que casi al completo, por la cantidad de restos que había. Sarcófagos egipcios, fenicios. Mosaicos, restos de cerámica prehistórica, tablillas de escritura cuneiforme…Nos volvimos locos. Que maravilla.

Estuvimos extasiados todo el rato, aunque al finalizar la visita, cuando ya la adrenalina volvía a su sitio, el cansancio empezó a reclamar su territorio, y los pies suplicaban un descanso. Aún así bajamos caminando en dirección a Eminönü buscando un lokäntasi donde picar algo, otro día que ni nos habíamos acordado de la comida. Nos paramos en Urfalim, cerca de la Gar Istanbul, y comimos un caçik, que era como una sopa fresquita de pepino, ajo, menta y yogurt muy rica. Zumos de naranja natural porque cerveza no había, un lahmacun muy muy rico, vimos a turcos que se los comían de tres en tres, y un Kavurmali Pide, es decir, de cordero que no estaba mal, pero el lahmacun muuucho mejor. En total 25 liras turcas. Recomendable totalmente.

Nos volvemos al hotel paseando y bordeamos santa sofia por la izquierda, encontrando un Cafe, Güelhna sur, super agradable y al lado de ayasofia un palacete de colores precioso. En el hotel descansamos un buen rato. Y nos secamos, porque no paró de llover en todo el día y con bastante intensidad.

La lluvia y el cansancio no nos impidió que saliéramos a cenar. Esta vez le tocó el turno al restaurante Mesopotamia, donde pedimos un plato de mezes, entradas variadas, el babaganoush muy bueno, la crema de yogur y pepino estupenda, dolma, hummus, ensaladilla rusa, espinacas y un pisto que estaba espectacularmente bueno. De segundo un Kebab adana de ternera con pimienta picante muy jugoso y un Mesopotamia especial, guiso otomano de cordero, espinacas y salsa de tomate especial. Todo buenísimo. De fondo una música sufí tranquilita. Muy agradable. Agua con gas y dos cervezas, 71 liras turcas, muy bien, muy recomendable. El personal encantador y la comida muy buena. El sitio muy bonito. Perfecto. Además nos encontramos un japonés loco que no paraba de beber cerveza y contar anécdotas increíbles. Fue una gran velada.

Mañana es el último día, habrá que aprovecharlo.

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Hoy empezamos el día visitando la que probablemente fue la mezquita que más me gustó de todas las que vimos, que no fueron pocas precisamente. Todas las mezquitas en las que entramos eran hermosas, los techos, las cúpulas, los azulejos, las vidrieras, todas tenían algo. Pero la Rüstem Pasha Camii tiene algo especial. Para empezar no la ves, está en medio del bazar de las especias, y sólo desde un punto muy concreto en Eminönü te das cuenta de que oculta entre las callejuelas del bazar egipcio se encuentra una maravilla. Para acceder a ella, tienes que adentrarte en una de las calles del bazar y verás una puerta sobria, rodeada de tenderetes y con un sobrio letrero que anuncia lo que te vas a encontrar.

Cruzando esa puerta y subiendo unas escaleras llegas al patio de la mezquita, con unos azulejos espectaculares. Bien, parece interesante. Pero cuando entras, es cuando te das cuenta de que estás ante algo especial. El “problema” que tienen las mezquitas en Estambul es que son muy parecidas, todas hermosas, pero muy parecidas. Rüstem Pasha no es que sea radicalmente diferente, pero sí tiene personalidad, y además un ambiente especial que se respira en el interior. Deben ser los efluvios de las especias que durante 5 siglos han emanado en los alrededores de la mezquita. Es una auténtica joya, la primera de planta octogonal. Las porcelanas de Izmir del interior son auténticos tesoros, finas, delicadas, extremadamente hermosas, con un rojo impresionante. Conforme la describo y la recuerdo me reafirmo, fue mi favorita.

Despues subimos unas cuantas cuestas para llegar a la Süleymaniye Camii. Impresionante, tanto por su tamaño como por sus vistas. Desde uno de los laterales de su patio se divisa el Cuerno de Oro y los tejados de la ciudad. Data del siglo XVI y está situada en lo alto de una de las colinas que se divisan desde Eminönü. No es tan grande como la mezquita azul, pero la sigue de cerca. Si ya has visto la mezquita azul, no te impresionará la grandiosidad, y si has visto antes la Rüstem Pasha no te impresionará la belleza. Es grandiosa y es hermosa, pero ya sabemos que todo es relativo, y como dijo una turista que andaba por allí…vista una vistas todas. Tampoco es eso desde luego, pero casi. Los azulejos de Iznik no están por todas partes, como en otras mezquitas. Mucho mármol blanco, quizás lo interesante de esta mezquita es que es menos barroca, más sencilla. En el patio hay dos mausoleos y una tumba. Me gustó más el entorno que el interior.

Bajamos de nuevo a Eminönü y nos tomamos un chai con unos baklavas de pistacho en Saray, una cadena de pastelerías con mucha fama. Los peores baklavas de todo el viaje. El te está bueno en todas partes. Pero fue una manera agradable de descansar y esperar a que saliera nuestro ferry para dar una vuelta por el bósforo. Crucero de 2 horas por 10 liras turcas. Más que suficiente.

La ida la realizamos por la orilla de la torre Gálata, pudimos observar el perfil de la ciudad, sus casas tradicionales, mezquitas por todas partes, la fortaleza de Rumeli Hisari… Agradable. La vuelta la hicimos por la otra orilla, llena de casas de ricos y palacetes antiguos. Toda una exhibición de lujo e historia. Cruzamos el estrecho del bósforo por dos veces, y ambos dos andaba cubierto de nubes y de gaviotas. Pasamos mucho frío. Hay que abrigarse muy bien en esta época del año. El viento es gélido y corta las mejillas como si fueran mantequilla.

A la vuelta del paseo por el Bósforo comimos en uno de los restaurantes de pescado que se encuentran debajo del puente de Gálata, Beyaz Inci Fish and meat house. Como no había nadie, nos dieron una mesa estupenda, con vistas a la torre de Gálata y a la Suleymaniye. Muy tranquilo y agradable. El pescado muy fresco, te muestran una bandeja y eliges el que más te guste y te lo preparan como quieras. Se paga al peso. Nos pusieron de aperitivo una pasta de aceitunas parecida al tapenade que estaba espectacular. Tomamos unas sopas de pescado bastante rica, tipo enblanco pero más terrosa, y una lubina del mar de Mármara al grill, de un kilo poco menos, acompañada de un Kavak blanco bastante decente, total 200 liras turcas. No repetiremos, porque la lubina estaba muy buena, pero la que tenemos aquí está mejor. Me gusta probar las cosas de la tierra, pero a menos que la relación calidad precio sea óptima o el sabor excepcional, no repito. Esto es caro, muy caro.

Despues de la agradable comida, nos dirigimos hacia el bazar de las especias, con el que habíamos tonteado varias veces, pero sin llegar a adentrarnos. Ya le tenía ganas, ya. Sabía que me iba a volver loca. Y así fue. La cantidad de aromas, colores y sabores que se amontonan en los diferentes puestos es maravilloso. La gente mucho más divertida y relajada que en el gran bazar, bromeando y riendo con nosotros todo el rato. Nos llevamos una bolsa innoble de todas las especias que no tenía y de algunas que sí. El orégano, el azafrán, cominos, raz el hanut, tandoori, que aunque sea indio seguro que es mejor que el que pueda conseguir en Madrid…ni me acuerdo de todas. Que contenta que iba con mis bolsas de especias.

Como la comida había sido ligerita, y los baklava de la mañana decepcionantes, nos decidimos a probar de nuevo, en otra pasteleria. Haifa Mustafa, que sepamos al menos hay dos, una en Eminonü y otra yendo a Sultanahmed. Deliciosos. Allí compramos el último día dos kilos para traer. Los mejores que probamos en todo el viaje. Pero siento decir que los mejores que he probado en mi vida son los de Habiba, la mejor pastelería de Amman. Insuperables.

Volvimos paseando al hotel, y las cosas del destino…en una tienda encontré unos azulejos que eran exactamente uno de los que habíamos visto en la mezquita Rüstem Pasha y que me habían enamorado. Por supuesto sucumbí en el acto, por la belleza de los azulejos y por el excepcional precio que sin regatear me ofrecieron. Realmente la crisis está haciendo estragos.

Un breve descanso en el hotel y salimos a cenar. Esta vez elegimos el restaurante Mozaik, al lado del Enjoyer. Nos pusieron hummus de aperitivo con pan de pita, muy ricos. Pedimos una cazuela de gambas, bastante buena, ensalada mozaik con queso de cabra, orejones y nueces, pepinos y rábanos, rica pero fundamentalmente lechuga, y un plato típico de la anatolia central, kebab de cordero envuelto en papel de horno, Kagit Kebab, con salsa de tomate y verduras. Muy muy rico. De fondo un jazz delicioso. El ambiente estupend0, mucho mejor que anoche en el Enjoyer. La comida también bastante mejor. Tan sólo que hacía demasiado calor. 85 liras turcas…como se nota que no hemos tomado vino, ni postre. Lo acompañamos con agua con gas y una cerveza.

Estambul nos está pareciendo una gran ciudad. Y aún tenemos dos días más para seguir descubriéndola y disfrutándola…

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De la cama al baño había una distancia como de unos 7 metros. El recorrido de este corto espacio me hizo sentir como un corredor de maratón.  Mis pobres pies aún no se habían recuperado del palizón de ayer, e iba dando vaivenes cual tentetieso en pos de mi objetivo. A ver si una ducha obraba milagros.

Los milagros no existen. Que día más duro se nos presenta…A veces me pregunto porqué no me limito a no hacer nada cuando estoy de vacaciones, pero afortunadamente sólo me limito a preguntármelo.

Despues de un desayuno bastante regulero, nos dirigimos hacia Kuçuk Ayasofia Camii, una mezquita llamada pequeña Ayasofia y originalmente llamada Iglesia de San Sergio y San Baco, pero estaba cerrada. Recuerda, lunes cerrada. Estábamos como para desperdiciar energías…en fin.

Volvimos sobre nuestros pasos y acabamos en el Hipódromo, Sultanahmed Meydani.  Claro que no lo sabíamos, porque íbamos dando un paseo aleatorio, sin perder el norte, y donde creíamos que acabamos fue en una de las entradas de la Mezquita Azul. Precisamente en la entrada donde se encuentran los restos del hipódromo romano construido por  Septimio Severo en el 203, cuando la ciudad todavía se llamaba Bizancio. Y siguió llamándose así durante un siglo más.  Es muy difícil hacerse una idea de lo que supuso en la historia de la ciudad, ya que fue centro neurálgico en los días de gloria de Constantinopla. Ahora es una gran plaza en la que puedes ver un obelisco egipcio, el Obelisco de Teodosio, que trajeron desde el templo de Karnak, construido sobre el 1.490 aC, la columna de las serpientes o Trípode de Platea, ubicado originalmente en el templo de Delfos, para conmemorar la victoria de los griegos en las guerras médicas, sí, recuerdas bien, los griegos contra los persas; estamos hablando del V aC…que ya ha llovido, y el Obelisco de Constantino, éste ya bastante más moderno, sólo tiene unos mil años de antigüedad.

Teniéndola al lado, no podíamos menos que entrar en la Mezquita azul, Sultanahmed Camii, una de las pocas del mundo con 6 minaretes. Una silueta espectacular construida en el siglo XVII, un patio precioso y un interior fascinante. Azulejos de Izmir, predominando el azul, de ahí su nombre. Pero cuando visitas más mezquitas te das cuenta que quizás la mezquita azul se la menos azul de todas…que cosas. Pues sí, es bonita, es impresionante por su tamaño, por su cúpula, por los enormes pilares que la sostienen. Pero despues de haber visitado la mezquita Omeya en Damasco, quizás no impresiona tanto como debería. De hecho, luego vi otras mezquitas, menos espectaculares, pero que me parecieron más bonitas, o me impresionaron más. En cualquier caso es un espectáculo imprescindible que hay que visitar.

A continuación nos dirigimos hacia la Cisterna Basílica, Yerebatan Sarayi . Nos habían hablado maravillas, y desde luego todas ciertas. Impresionante. Lo de la Cisterna es algo realmente espectacular y maravilloso. Además, con una luz tenue que refleja el agua acumulada. Impresionante.  Le llaman el palacio sumergido y no es para menos, pasear entre sus arcos es una maravilla. La construyó Justiniano en el siglo VI, cuando la ciudad llevaba 3 siglos siendo Constantinopla. Al fondo del todo, se encuentran dos cabezas de Medusa, boca abajo y de lado, para evitar que al mirarla te petrifique, la muy górgona. Un sitio totalmente imprescindible.

Guiamos nuestras pasos en dirección al Gran Bazar, Kapaliçarsi, pero antes de llegar, en la esquina de la universidad, nos tomamos unos dürüm y unos suyu de nar y de portakal, es decir, zumos de granada y de naranja. El zumo de granada ha sido todo un descubrimiento. Nunca se me habría ocurrido hacer zumo de granada, y es una auténtica delicia. Los dürüm turcos son muy parecidos a los sirios, la carne va acompañada de unos pepinillos laminados y la salsa de la propia carne. Y no necesita más. El de pollo (tavuk), estaba especialmente bueno.

A escasos metros divisamos una de las entradas del Gran Bazar y para dentro que fuimos. Un poco decepcionante. El Zoco de Damasco, incluso Jan el Jalili de El Cairo me gustaron mucho más. Estaba bastante vacio, la crisis y el invierno están haciendo estragos en la ciudad, y es bastante sorprendente ver uno de estos sitios casi sin gente. Da un poco de escalofríos. La verdad es que los puestos muy vistosos y coloristas, pero no se, se me quedó un poco vacía la experiencia. No compramos nada.

Desde allí nos dirigimos, bajando las cuestas infinitas de Estambul hacia Eminönu, y nos cogimos un ferry en dirección a Üsküdar, que se adentra un poco en el estrecho del Bósforo. El paseo es una maravilla, y puedes contemplar a lo lejos el palacio de Dolmabahce, el castillo de las siete torres, o fortaleza de Rumeli Hisar, y una panorámica estupenda de casas típicas y palacetes de ricos.

Nos bajamos en Üsküdar  y comenzamos a caminar costeando en dirección al mar de Mármara. Encontramos un sitio estupendo para tomarnos un refresco y un descanso,  mientras contemplamos pesca en la entrada del bosforo. Es increible lo de los pescadores en esta ciudad. Por todas partes, a todas horas. Lo de las gaviotas también es increíble, muchas, demasiadas.

Nos dirigimos hacia la puesta de sol, bordeando la costa. Pasadas las gradas previstas para tal efecto, en unas piedras al borde del agua nos sentamos. En el otro extremo se perfilan las siluetas de la mezquita azul y de Santa Sofía. El sol se puso justo entre las dos, quedando la Torre Leandro, Kiz Kulessi,  a nuestra derecha, marcando la entrada al Bósforo. Un atardecer espectacular. Realmente hermoso.

La vuelta en el ferry fue increíble. La noche había caído de golpe sobre la ciudad y ver el Bósforo iluminado fue un gran broche para un gran día. Pero desde luego no fue el últimobroche. Teniendo en cuenta que el sol se pone a las 16 36 más o menos, aún quedaba mucho día por delante. O mejor dicho, mucha noche.

Cuando bajamos del ferry en Eminönü nos cogimos el tranvía y nos bajamos en Kabata, y allí nos cogimos el funicular hasta Taksim. Una plaza bulliciosa y moderna. Muy europea. Bajamos paseando por la calle Iskitlal, que sería el equivalente a la calle de Preciados en Madrid. No me atrajo mucho, porque no deja de ser algo que tienes aquí, y lo de comprar en tiendas de moda, pues como que no. Una iglesia católica a mitad de la calle. Curiosa sin más.

Llegamos a la torre Gálata, Galata Kulesi, que desde el siglo XIV vigila la entrada al Cuerno de Oro. Ya la habíamos visto a lo lejos desde diferentes perspectivas, pero es realmente grande, en circunferencia impresiona más que en altura. La zona de los alrededores sí es bastante bonita y agradable para pasear.

Seguimo bajando y llegamos hasta el puente de Gálata y allí nos cogimos el tranvía hasta Sultanahmed, donde camino del hotel nos tomamos una cervecita para celebrarlo. Descansamos un ratito en el hotel y nos fuimos a cenar.

Esta vez escogimos el Enjoyer, recomendado en muchos foros de españoles. El sitio obviamente estaba lleno de españoles. Yo diría que sólo había españoles. El pan de pita excepcional. Nos tomamos un vino Ancyra de 2009, de uva bogazkere,  Kavaklidere Anatolian Wines. Muy bueno, estos turcos saben hacer muy buen vino. También lo cobran estupendamente bien.

De entrante nos tomamos unos dolma, que vienen a ser como makis, pero en lugar de algas, diferentes verduras asadas, y rellenos de arroz. Pimientos rojos y verdes, calabacines y hojas de parra. Muy buenos. Unos mejillones en salsa tártara, que resultaron ser mejillones sin cáscaras, rebozados como en tortilla a la francesa y fritos. Prescindibles, porque el sabor del mejillón no aparece por ningún lado, y habíamos visto en Eminönü un señor con una cesta que los vendía frescos y tenían una pinta estupenda.

De segundo Sebse esgara, berenjena asada rellena con verduras asadas y queso derretido, muy rica, sobre todo el sabor de las verduras asadas, y una parrillada de carnes. Bien, pero sin excesos, teniendo en cuenta que pagamos 149 liras turcas, poco más o menos lo que pagamos el día anterior en el House of Medusa, no creo que merzca la pena volver. La carne, el ambiente y el sitio no son tan buenos como en el Medusa, el Enjoyer resultaba demasiado ruidoso. No lo recomendaría, aunque se come correcto, pero sin más.

Nos fuimos al hotel, cansados pero muy contentos, un gran día, plagado de sitios bonitos, buena comida y paisajes espectaculares. Sin duda un gran día.

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Llegamos la noche de antes, al aeropuerto de Ataturk, una media hora escasa hasta el centro, Sultanhamet, donde está la mayoría de los sitios emblemáticos que hay que visitar sí o sí. Quizás la zona sea excesivamente turística, está repleta de hoteles y restaurantes, y por supuesto tiendas de todo tipo. Pero eso no quita que tenga un encanto especial y que merezca la pena alojarse por este céntrico barrio.

Nos hospedamos en el hotel Historia, una antigua casa otomana restaurada. Limpio, espectacularmente bien situado, muy céntrico. No se puede pedir más, al menos para mí es lo imprescindible. Teniendo en cuenta que en la habitación no vamos a estar más que el tiempo necesario, no necesitamos de grandes lujos. Desayuno buffet regulero, y la habitación nos tocó interior, amplia y con ventanas a un gran patio, sin vistas. Pero las había mejores. El personal muy muy agradable y eficiente. Desde luego lo recomiendo, el precio inmejorable, 270€ por 6 noches y desayuno.

Como pudimos descansar toda la noche, nos levantamos tempranito y a las 8 y poco ya estábamos  rumbo a Eminönü, puerto y centro neurálgico de la ciudad. Teniendo encuenta el enclave, el transporte por ferry es imprescindible, así que no tengas ningún pudor en coger los que haga falta, funcionan estupendamente bien. Lo de las gaviotas es impresionante. Hay muchas y persiguen todos los barcos, juegan con el viento y revolotean a nuestro alrededor. Es increible la cantidad de gaviotas que ves, también algún que otro cormorán.

El primer objetivo era  Eyüp Sultan Camii, en el norte de la ciudad. De todas las mezquitas de Estambul, esta no destaca especialmente, aún siendo bastante hermosa. Pero se trata de una de las zonas más integristas y radicales de la ciudad, y es un ambiente bastante diferente al que te podrás encontrar en el centro histórico, ya que además de algunos turistas, hay muchos peregrinos musulmanes, el ambiente religioso es único y diferente. Para llegar a la mezquita nos cogimos un ferry y remontamos parte del Cuerno de Oro. La casetilla donde se sacan los billetes estaba un poco escondida, pasada la estación de autobuses, pero la encontramos. Al cruzar el puente de Gálata, vimos como cientos de pescadores abarrotaban los dos lados. Pensamos que era Domingo, y es una forma de pasar el rato. No. Todos los días a todas horas, los bordes de Estambul están bordeados por escadores, con sus cañas y barrilitos de pequeños pescados plateados y brillantes.

Como el siguiente ferry pasaba en una hora, decidimos dar una vuelta por los alrededores, y sin comerlo ni beberlo nos encontramos a la entrada del bazar egipcio, especias, quesos, encurtidos… Una auténtica maravilla de olores, sabores, colores…era muy temprano y aún no había casi gente, sólo los propios trabajadores del bazar desayunando. Un ambiente único. Pero fue sólo un aperitivo, ya volveríamos con más tranquilidad a destriparlo.

Volvimos al puerto y cogimos el ferry, subiendo el Cuerno de Oro hasta la mitad más o menos, nos bajamos en Eyüp y caminamos hacia la mezquita. Pasamos por el mausoleo de Ayyub al-Ansari, compañero de aventuras del profeta Mahoma y visitamos la mezquita que lleva su nombre. Hermosa, y un imán recitando mientras un montón de fieles seguían sus rezos.

A la salida paseamos por detrás de la mezquita y cogimos el funicular, que nos subió hasta la parte superior del cementerio. Bajamos paseando por la vertiente del Cuerno de Oro, contemplando unas tumbas y mausoleos muy especiales y unas vistas del otro lado de la ciudad espectaculares.

Cuando llegamos de nuevo a la mezquita, buscamos la iglesia bizantina de San Salvador de Chora, Kariye Müzesi. Probablemente una de las 3 cosas más hermosas que hemos visto. La iglesia como tal es muy bonita, empezó a construirse en el siglo VI. El interior es único y espectacular. Los frescos de la primera sala están muy bien conservados y son muy vistosos. Los mosaicos de las salas más interiores son alucinantes, magníficos, espléndidos. El dorado omnipresente emite miles de destellos en todas las direcciones dando una sensación de estar realmente en contacto con un dios. Una auténtica pasada. Esto es absolutamente imprescindible, no puedes perdértelo por nada.

Luego llegamos a la Iglesia de Pammakaristos, Fethiye Camii, mucho más pequeña que la anterior, y con mosaicos peor conservados, pero con un encanto inigualable. Al ser tan pequeñita y acogedora, dentro hay una gran sensación de paz y tranquilidad y puedes deleitarte con los restos de mosaicos y frescos. Una delicia.

Decidimos seguir bajando hasta el centro andando…gran error, porque la distancia era mucho mayor de lo esperado y fue una odisea llegar hasta el hotel. No paramos en todo el día, ni para comer, ni para tomar un té, ya ni te digo una cerveza. Nos pegamos la paliza del siglo, y ya estuvimos reventados para el resto del viaje…pero la aventura es la aventura. A cambio, atravesamos un Estambul poco conocido, nada transitado, donde el integrismo se respira por todas partes, mujeres de negro, completamente cubiertas, hombres con barba, chilaba y gorrito. Muy distinto a todo lo que vimos despues. Encontramos un par de mezquitas por el camino…y no nos dejaron entrar, cosa que no sucede ni de lejos en la zona más turísitica de la ciudad. Pero es comprensible y respetable, no se si me gustaría que me hicieran fotos mientras rezo. Sobre todo teniendo en cuenta la falta de educación y consideración del turista medio.

Nos encontramos una tienda de especias y no pude evitarlo, aunque me gusta hacer las compras el último día, cuando ya tengo una idea clara de lo que hay y lo que quiero, era tan atractiva que no pudimos evitar entrar y comprar. Compramos Sumak, que es como un polvo rojizo que se utiliza para aliñar ensaladas y tiene un sabor ácido, como el limón, una mezcla especial para pides, que son las pizzas turcas en forma de barquita, y patatas, a base de orégano, tomillo, cilantro y alguna que otra cosilla más que todavía no he conseguido averiguar, y un curry especial para pescados.

Llegamos al hotel tras 12 horas sin parar, los tobillos y los pies eran muñones informes que suplicaban por un poco de descanso, pero fuimos impasibles. Dejamos las mochilas y nos fuimos a cenar. Había que pegarse un homenaje para compensar el palizón del día, así que nos fuimos al House of Medusa, uno de los mejores restaurantes que encontramos, recomendado por un par de muy buenas amigas mías. Desde luego puedo fiarme de ellas sin ningún problema. El sitio es excepcional. Comimos unos calabacines rallados con queso, que parecían como pequeñas tortillas, ya haré la receta un día de estos, unos rollitos de pasta filo rellenos de feta y nueces, espectaculares, seguro que también caen en breve. Las dos entradas acompañadas de una salsa de yogur exquisita. De segundo un shish kebab de cordero, el mejor cordero que comimos en todo el viaje, y un kebab con yogur, también buenísimo. Todo ello acompañado de una botella de Yakuta, vino tinto de la tierra, buenísimo. El pan no era de pita, pero rico. De postre un arroz con leche al horno espectacular y una crema de chocolate con pistachos molidos correcta. Nos gastamos 153 liras turcas. No es barato, pero comimos y bebimos estupendamente. El sitio muy agradable y la atención estupenda, así que recomendable totalmente.

Despues nos fuimos para el hotel, había sido un comienzo excesivamente duro y teníamos que recuperarnos, nos esperaban unos días cargados de objetivos. Los calambres de las piernas nos ayudaron a conciliar el sueño.

Bizancio, Constantinopla, Estambul

Publicado: 7 diciembre, 2011 en Viajes
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Pocas ciudades pueden presumir de tener un pasado tan rico, y tan pasado. Estambul es una ciudad que hay que visitar, al menos una  vez en la vida, preferiblemente algunas mas.
El enclave geográfico es único y fascinante, en cuanto estás aquí puedes pecibirlo.  Sientes el viento provocado por la confluencia de las corrientes. Miras hacia un lado y ves Asia, en la otro orilla Europa. En un lado el mar de Mármara, enfrente la torre de Leandro que marca la entrada al Bósforo, camino hacia el Mar Negro, a su izquierda el puente de Gálata, entrada del cuero de oro. Impresionante.
Pasear por la ciudad es todo un lujo, perderse por sus callejuelas menos transitadas toda una experiencia, a pesar de las increíbles cuestas que puedes encontrarte al girar cualquier esquina. Los colores de los bazares, los olores de la carne asada, el bullicio de la gente, los neones de los comercios, la increíble imagen de un escaparate de baklavas. Estambul sabe bien, huele bien y sienta bien.
Las mezquitas, con sus alminares perfilan el horizonte de la ciudad. Los gatos, elegantes y respetados se reparten por todos los rincones. Las gaviotas persiguen incansablemente a los barcos, en un revoloteo frenético. Los puestos de castañas asadas aparecen en todas las esquinas. Todo negocio tiene alguien en la puerta, practicando la tecnomagia con sabiduría acumulada de milenios y la amenaza de la crisis y el invierno en sus semblantes. No hay negocio.
Egoistamente, es un placer pasear por los lugares más emblemáticos de la ciudad sin colas, sin empujones, sin maleducados…bueno, de esos sí que te encuentras, es un porcentaje fijo, da igual el total, haberlos haylos. Y españoles, muchos, por todas partes. El puente de Diciembre es el puente de Gálata.
Desde el barrio más ortodoxo e integrista, hasta la zona más glamurosa de la ciudad. Lo quieres, lo tienes. 5 días, con sus respectivas noches, un par de días mas para llegar y partir. No he parado casi nada, tratando de aprovechar el tiempo al máximo…hay tantas cosas que hacer, tantos sitios que visitar. Me queda un día, y dos noches, y ya siento nostalgia…y angustia por lo que me dejo por conocer, y esperanza por lo que me queda por vivir..para la próxima visita.
Iré contando recorridos, reflexiones, experiencias y demás ocurrencias de cada día. Tengo los pies destrozados, y el alma henchida. Una alfombra de angora y todas las especias del mundo.
Hoy llueve, hace frío. Si cabe, la ciudad tiene aún más encanto.

Uganda. La Perla de África

Publicado: 4 diciembre, 2011 en Viajes
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En Octubre de 2009 realicé una ruta con Kananga, Gorila Trek. En este enlace puedes ver los detalles, un viaje increible. (http://www.pasaporte3.com/africa/viajes/uganda-rwanda/uganda-rwanda.php). La mayor parte del mismo se desarrolla en Uganda, la perla de África. Si quieres ver fotos pincha aquí

Uganda es un gran parque natural bordeado por lagos. Grandes animales, grandes paisajes y grandes lagos, esa es la esencia de Uganda. Te desborda.

Si has visto La Reina de África, y viajas por esta zona, podrás comprobar, como la escena más mítica de la película, cuando Bogart y Hepburn atraviesan una salvaje cascada, fue extremadamente optimista. Las Murchinson Falls son imposibles de atravesar con un barco, Huston se marcó un farol en toda regla. El torrente de agua salvaje que la atraviesa es una barrera infranqueable, y contemplarlo te hace sentir insignificante. Para completar la experiencia cinematográfica, puedes dormir en Masindi, en el hotel colonial donde se alojaron durante el rodaje de la película. Un hotel encantador, donde también estuvo Hemingway entre otros personajes míticos. Imaginarse en el porche, con cualquiera de ellos, tomando un gin tonic, por aquello de quítame el anopheles y dame quinina, es muy fácil. El hotel sigue manteniendo el regustillo de antaño. Memorable.

Navegar por el Nilo Blanco es toda una experiencia. El Nilo es uno de los ríos más hermosos del planeta. Sin duda. Puedes ver una gran fauna y flora en sus orillas, cocodrilos, hipopótamos, elefantes, pájaros de todas clases. En la orilla del Nilo encuentras Jinja, un paraiso en la tierra, donde puedes contemplar tranquilamente el curso del río, ver un hermoso anochecer o hacer el cabra con la oferta de actividades saltimbánquicas. Con permiso de la filaria y compañia. O bien puedes visitar las fuentes del Nilo, tan buscadas y ahora de tan fácil acceso. El lago Victoria es inmenso.

Otro lugar absolutamente mágico son las montañas de la luna, Rwenzori, cuyos glaciares agonizan lentamente mientras se derriten y alimentan el caudal del Nilo Blanco. Todo un reto para los aficionados al trekking. La zona de los volcanes Virungas, bosques mágicos de bambú y ortigas, es un sitio maravilloso para hacer un trekking, si además consigues ver gorilas, la experiencia te sobrecoge. Visitar el bosque primario de Budongo, repleto de caobas inmensos, en busca de esquivos chimpancés, también resulta interesante y enriquecedor. Uganda es verde, verde oscuro, intenso. La naturaleza sorprende.

Saltando de la montaña a la sabana, disfrutamos con los grandes mamíferos. A pesar de que Idi Amin Dada hizo todo lo posible por cargarse la riqueza zoológica de su país, a base de cacerias indiscriminadas para todo aquel que tuviese el dudoso honor de ser su invitado, Uganda tiene unos parques nacionales espectaculares, donde puedes contemplar a los Big Five sin problemas. El Parque de Kidepo y el Queen Elizabeth son dignos de visita. Elefantes: enfurecidos y pacíficos, leopardos esquivos y leonas preparándose para la caza del atardecer. Todas y cada una experiencias únicas. Contemplar la fauna salvaje a pocos metros es una de las experiencias mas impactantes en la naturaleza.

Naturaleza, paisajes, animales. Tendrás que ir para comprobar si es realmente una perla.

Guatemala. Experiencia Completa

Publicado: 2 diciembre, 2011 en Viajes
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En Octubre de 2011 viajé con Ambar a Guatemala y Honduras. En este enlace puedes ver los detalles del viaje: http://www.pasaporte3.com/centroamerica/viajes/guatemala_honduras/guatemala_honduras.php En este otro puedes ver fotos.

Probablemente sea el viaje más completo que jamás he realizado. De Honduras no puedo decir casi nada, porque sólo estuvimos en Copán, un yacimiento maya impresionante. Pero de Guatemala puedo decirlo todo, porque Guatemala lo tiene todo.

Guatemala tiene una naturaleza exuberante, las selvas más hermosas que jamás puedas imaginar, plagadas de vida animal y vegetal. El reino de las epifitas y los insectos. Verde esmeralda. Agua omnipresente, cae del cielo sin tregua, llena los ríos, los lagos, las lagunas, los caminos, hasta las carreteras a veces se convierten en rutas fluviales. No puede ser de otra forma. La exuberancia exige un precio.

Guatemala tiene paisajes extremos, volcanes hermosos, poderosos, vivos, fulgurantes, cubiertos de ceniza, de café y de selva. Cubiertos de bruma en su cima, horadando el cielo. Tiene montañas hermosas, Las Verapaces y los
Cuchumatanes están plagados de historia, de cultura viva, de flores extrañas, y de costumbres conservadas a lo largo del tiempo.

Guatemala tiene el lago Atitlán, rodeado de volcanes, es un entorno mágico, poderoso. Puedes percibirlo, es muy fácil sentirlo. Surcar sus aguas y recorrer su perímetro te deja sumergirte en toda su fuerza. Los pueblos que lo rodean son orgullosos y pintorescos. Huxley decía que era el lugar más bonito del planeta. Probablemente tuviera razón.

Guatemala tiene fervor, el pueblo indígena es muy creyente, y mantiene un sincretismo brillante y compacto que no se deja achantar con el paso de los años y de las modas. Tienen al Masimón, extraña figura procedente de la época colonial que nunca llegará a ser santificada por la iglesia romana, y tienen sus antiguas creencias mayas, todas ellas mezcladas, como los colores de sus vistosas vestimentas, con religiones como el catolicismo, el evangelismo, mormones, testigos de jehová…cualquier religión será bienvenida.

Guatemala es la cuna de la cultura Maya. Los yacimientos, restos y museos que te encontrarás por todo el país son impresionantes, interesantes e insuperables. Los señores mayas crearon un universo único y especial, y cuando visitas yacimientos como Aguateca o Tikal o Ceibal puedes percibir su magia, su encanto. Las piedras te atrapan como el árbol estrangulador que crece en las selvas que las rodean. Las estelas te cuentan el pasado. La selva conserva y oculta. Maravilla arqueológica.

Guatemala tiene un pasado colonial glorioso. La Antigua de Guatemala, con su futuro incierto debido a las inconsistencias de la naturaleza, y sus 7 colores forman una mancha en medio del valle en el que se encuentra, de una belleza sobrecogedora. Pasear por las calles de La Antigua es como disponer de una máquina del tiempo, iglesias semidestruidas reflejan la importancia que la ciudad tuvo en su época de capital. Los avatares de la naturaleza hicieron que perdiera ese papel. Ahora es un reducto de paz y tranquilidad.

Guatemala es color. Guatemala son todos los colores. Imprescindible