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Humboldt distingue entre dos sentidos del lenguaje:

  • Desde una perspectiva cognitiva el lenguaje articula una precomprensión del mundo en su conjunto intersubjetivamente compartida por la comunicada lingüística. Crea un marco para posibles interpretaciones del acontecer intramundano.
  • Al mismo tiempo el lenguaje determina el carácter y la forma de vida de una nación.

Los rendimientos del lenguaje como órgano constitutivo del pensamiento son lo que posteriormente Heidegger analizará como la apertura del mundo lingüística, la cual debe distinguirse de la constitución de los contextos que forma el mundo de la vida para las situaciones de acción y los procesos de entendimiento.

La disposición hermenéutica al mutuo entendimiento de otras culturas y formas de vida y un recíproco aprendizaje de los que nos son extraños conduce a la rectificación de los prejuicios. Humboldt liga el descentramiento del propio horizonte de entendimiento con el fomento de orientaciones de valor universalistas. El descuido de la función expositiva del lenguaje es un análisis convincente de las condiciones de la referencia y la verdad de los enunciados, y sigue siendo el talón de Aquiles de toda la tradición hermenéutica.

Precisamente en la función expositiva del lenguaje se concentra Frege , que no tiene contacto de ningún tipo con la tradición de Humboldt. Frege se limita en lo esencial al análisis lógico de la forma de las proposiciones simples. La semántica formal separa la dimensión comunicativa del lenguaje en la que, según Humboldt, residía la racionalidad del entendimiento del análisis lógico, y la deja en manos de una investigación de tipo empírico. Heidegger, de la misma forma, pasa por alto el planteamiento de Humboldt acerca de una pragmática formal. Sólo sigue de él la veta semántica. Pero no parte como Frege de la función expositiva, sino de la función de apertura del mundo del lenguaje, y se centra en el análisis semántico de las estructuras conceptuales y de los plexos de sentido que son inmanentes a la forma del lenguaje en cuanto tal.

Aunque partiendo de puntos contrapuestos, la filosofía analítica y la hermenéutica se han limitado al aspecto semántico:

  • por una parte a la relación entre proposición y hecho
  • por otra a la articulación conceptual del mundo que es inmanente a un lenguaje natural.

Humboldt esbozó un marco categorial que contempla tres planos de análisis:

  1. En el primer plano se encuentra el carácter constituidor del mundo que tiene el lenguaje
  2. En el siguiente, la estructura pragmática del habla y del entendimiento
  3. En tercer lugar, la representación de los hechos

Los planteamientos hermenéuticos o analíticos se mueven respectivamente en los planos primero o tercero. Ambos son partidarios del primado de la semántica sobre la pragmática y ambos se enfrentan por tanto al mismo problema: corregir, sin caer en falsas reducciones, la abstracción inicial.

Con respecto a Heidegger y a Frege, podríamos establecer las siguientes ganancias y pérdidas en relación con Humboldt :

  1. Según Humboldt entendemos una expresión lingüística cuando sabemos bajo qué circunstancias podemos servirnos de ella para entendernos acerca de algo en el mundo. Pero sólo con Frege se encuentra una explicación de la conexión interna entre significado y validez en el plano de las proposiciones asertóricas simples. Frege considera las proposiciones como las unidades lingüísticas más pequeñas que pueden ser verdaderas o falsas. Es decir, establece la primacía de la oración sobre las palabras o del juicio sobre el concepto. Wittgenstein también entiende la proposición como expresión de sus condiciones de verdad, y esto acarrea interesantes consecuencias. Todas las expresiones de un lenguaje están ligadas entre sí por una compleja red de hilos semánticos. Una concepción holística del lenguaje pondría en cuestión la determinabilidad semántica de las oraciones simples. Por eso Frege defiende simultáneamente un principio de composición según el cual el significado de una expresión compleja es resultado de las significaciones de sus componentes. Principio correspondido en el Tractatus con la idea de que un lenguaje lógicamente transparente, que cumpla exclusivamente la función de representar los hechos, debe estar formado a partir de proposiciones atómicas compuestas de modo veritativo funcional. Otra consecuencia de la primacía de la oración sobre la palabra, o del juicio sobre el concepto es el rechazo de la concepción tradicional según la cual los símbolos lingüísticos son esencialmente nombres de objetos. El sentido no debe ser confundido con la referencia, ni el contenido de un enunciado con la referencia al objeto del que se dice algo. Wittgenstein atribuye a un lenguaje universal lógico, que representa los hechos transparentemente, la cualidad de ser constituidor del mundo. Los límites del lenguaje significan los límites de mi mundo, las proposiciones de la semántica lógica nos dejan ver la estructura del mundo. En el lugar de las categorías del entendimiento, que según Kant constituyen los objetos de la experiencia posible, aparece en Wittgenstein la forma lógica de las proposiciones elementales: Dar la esencia de la proposición significa dar la esencia de toda la descripción, o sea, la esencia del mundo. Sólo con este paso ratifica Wittgenstein el giro lingüístico introducido por Frege. Wittgenstein sólo llevó a cabo una detallada crítica al mentalismo, depués de haber sustituido el análisis de las formas lingüísticas propias de un pensar del entendimiento no reflexivo que lleva a cabo en el Tractatus, por las gramáticas de los juegos de lenguaje que son constitutivas de otras tantas formas de vida. De esta forma, da a la intuitiva distinción de Frege entre pensamientos y representaciones una interpretación inequívoca.
  2. Heidegger llega por otro camino a la misma crítica de la filosofía de la conciencia. Elabora una analítica existenciaria del Dasein humano. Conecta de forma original motivos originados en Dilthey y Husserl y que explican por qué una investigación planteada de una forma completamente distinta finalmente coincide con la idea de Humboldt de que sólo hay mundo donde hay lenguaje. Según Dilthey, las históricas ciencias empíricas habían desarrollado de manera diferencial el tradicional arte de la interpretación de textos hasta convertirlo en un método de la interpretación del sentido. Su fin es la comprensión de unos sentidos que están encarnados en las expresiones simbólicas, las tradiciones culturales y las instituciones sociales. Heidegger desliga la operación del comprender de su contexto metodológico y de su pretensión de ser una operación científica, y la radicaliza hasta convertirla en un rasgo fundamental del Dasein humano. A los seres humanos les es dado originalmente comprender el mundo y comprenderse a sí mismos en ese mundo. Heidegger hace suyos los elementos esenciales de la fenomenología trascendental de Husserl, después de haber sustituido el modelo fenomenológico de descripción de percepciones por el modelo hermenéutico de interpretación de textos. La fenomenología hermenéuticamente transformada dirige su atención al contexto que acompaña la realización de esta emisión. Husserl caracteriza el mundo que experimentamos en nuestra vida como el fundamento universal de las creencias de la experiencia. Heidegger analiza esas totalidades referenciales que se le abren al hombre en su relación práctica con objetos y eventos de su entorno. Heidegger investiga la articulación lingüística de la comprensión previa del mundo al hilo de lo que esperamos y de lo que anticipamos conceptualmente, en cuyo horizonte algo se nos hace inteligible en cuanto tal cosa. El fenómeno de esta estructura previa del comprender sitúa a Heidegger por detrás de la concepción trascendental del lenguaje de Humboldt. Nuestro mundo se articula según puntos de vista prácticos determinados gramaticalmente en distintos tipos de procesos y objetos, de objetos animados e inanimados, objetos encontrados o fabricados. La estrategia desde la que Heidegger prejuzga todo es la subordinación de la estructura del algo como algo predicativo a la estructura del algo como algo hermenéutico, procedente de la articulación categorial de los entes en su totalidad. Sólo podemos atribuir a determinados objetos determinadas cualidades cuando éstos se nos hacen accesibles dentro de las coordenadas conceptuales de un mundo abierto lingüísticamente, como objetos ya categorizados. La pertinencia de un predicado a un objeto depende de la posibilitación de la verdad, de una previa apertura del mundo como acontecer de la verdad, renunciando así al sentido universalista de la verdad. Se trata de una apertura del mundo lingüística que en sí misma no es ni verdadera ni falsa, simplemente acontece. Mientras separemos la predicación de cualidades de la referencia a objetos y podamos reconocer los mismos objetos bajo distintas decripciones, existe la posibilidad de ampliar nuestro saber sobre el mundo. Heidegger concede a la semántica de las imágenes del mundo una primacía absoluta sobre la pragmática de los procesos de entendimiento. Los hablantes son prisioneros de su propio lenguaje. El habla verdadera es únicamente notificación del ser. Wittgenstein llega a un resultado parecido. El giro pragmático desde la semántica veritativa hasta una teoría del comprender basada en una teoría de los usos del lenguaje no significa solamente una bienvenida de transcendentalización del lenguaje. Con su acceso descriptivo al uso del lenguaje tal como funciona de hecho, Wittgenstein difumina y neutraliza simultáneamente la dimensión cognitiva del lenguaje. Al igual que Heidegger, cuenta con el trasfondo de una comprensión del mundo que, sin ser por sí misma verdadera o falsa, establece de antemano los criterios para los enunciados verdaderos o falsos.

Resumen de Wittgenstein y Heidegger: coincidencias en el giro lingüístico

Capítulo 1 Filosofía hermenéutica y filosofía analítica. Dos formas complementarias del giro lingüístico

Verdad y Justificación. Jürgen Habermas

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 Introducción

En el segundo período filosófico de Wittgenstein, su teoría filosófica del lenguaje contribuyó decisivamente al replanteamiento del concepto de lenguaje, ajeno en principio a las tradiciones propiamente lingüísticas, pero posteriormente influido en ellas.

Wittgenstein nunca estuvo interesado en una teoría propiamente lingüística cuya función fuera describir un presunto sistema de símbolos utilizados en la comunicación humana. Su orientación era estrictamente filosófica, daba una explicación de problemas referentes a nuestra relación con el mundo. Hay que subrayar la esencial continuidad del enfoque metodológico: cualquier instrumento de análisis o teoría sustantiva fue considerado en la medida en que podía aportar claridad al problema central de la fundamentación de nuestro conocimiento del mundo y de nuestras acciones.

La teoría figurativa del Tractatus constituyó una respuesta al problema de las condiciones necesarias de la representación lingüística de la realidad y una elucidación de la lógica interna del lenguaje natural. Uno de los mayores logros de Wittgenstein es haber enseñado a considerar el lenguaje humano bajo un nuevo prisma, como una realidad social y comunicativa, en vez de un puro sistema de representación del mundo y de nuestro conocimiento de él. La evolución de su pensamiento consiste en el abandono de dos ideas características del Tractatus:

  • La progresiva insatisfacción acerca del diagnóstico y tratamiento de los problemas filosóficos. La idea es la de que tienen su origen en la imperfección del lenguaje natural, siendo el remedio adecuado un análisis lógico en un lenguaje preciso, inequívoco y construido, la auténtica forma lógica del pensamiento.
  • La idea de que cualquier simbolismo, y en particular el lenguaje natural, debe su virtualidad semiótica a su capacidad representadora, reproductora de una realidad simbolizada. Abandonará la idea de que la lógica es una condición posibilitadora de la representación y la médula espinal de las relaciones entre la realidad, el pensamiento y el lenguaje.

El primer paso en esa evolución fue la revisión del concepto de representación propuesto en el Tractatus, que le conducirá a una concepción diferente sobre la función del lenguaje humano.

En el Tractatus el concepto de representación es concreto y unívoco. Si conocemos la forma lógica de una proposición, podemos determinar el hecho representado sin lugar a error. Wittgenstein expresó dudas acerca de la univocidad. No sólo que no asegure un único resultado sino que resulta dudoso que conserven una estructura común, una forma lógica. Si el lenguaje natural es una representación de la realidad, ese lenguaje no dispone de un único método de proyección, sino que las diferentes convenciones tácitas determinan una heterogeneidad, la forma lógica del lenguaje ya no muestra de forma unívoca la de la realidad.

Nombrar y Jugar

En el Tractatus Wittgenstein distinguía dos relaciones semánticas:

  • Nominación, propia de las expresiones nominales
  • Descripción figurativa, propia de las proposiciones

Fue abandonando la idea de que eran las dos únicas funciones semióticas de los signos lingüísticos:

  • Que una expresión nominal denomine realmente un objeto depende de factores externos a sus propiedades estrictamente lingüísticas.
  • Que un nombre denomine efectivamente un objeto depende de su aplicación como nombre, y ésta no está en una relación interna con el nombre.

Los nombres refieren a objetos independientemente de los propósitos de su utilización, este es el primer hecho básico en el proceso de aprendizaje del lenguaje cuestionado en las Investigaciones. Con ello criticó sus propias tesis del Tractatus y toda la tradición filosófica representada por Agustín de Hipona y que se remonta hasta Platón y de acuerdo con ella, los signos significan porque están en lugar de aquello que designan.

La nueva teoría en las Investigaciones es la propuesta de un nuevo modo de entender lo que es la significación de un signo y su comprensión. La estrategia seguida por Wittgenstein fue:

  • Imaginar circunstancias comunicativas para las que fuera verdadera la concepción nominativa del lenguaje
  • Demostrar que el uso nominativo del lenguaje está intrínsecamente unido a ellas
  • La conexión entre lenguaje y situaciones da sentido a la función lingüística nominativa y a cualquier función lingüística.

El propósito era demostrar que lo que el Tractatus y la tradición lingüística consideraban esencial en el lenguaje, no lo era en realidad. El juego nominativo no es esencial a la comunicación lingüística, está al mismo nivel que otras formas de utilizar el lenguaje para la comunicación. Tampoco es esencial para el aprendizaje lingüístico, ni siquiera primario. La alternativa no excluye los juegos elementales como la denominación, pero subraya el aspecto social de los juegos.

Lo esencial es que el niño aprende a nombrar como una forma de comportamiento en un entorno social que le proporciona aprobación o reprobación. Nombrar no es distinto de otros tipos de acciones no verbales que requieran el adiestramiento social. Cuando el niño aprende a nombrar un objeto no está aprendiendo lo que es la denominación. Aprender el significado del nombre no consiste en evocar las imágenes o cualquier otro fenómeno mental concomitante. Consiste en aprender una forma de conducta que puede estar asociada a procesos psicológicos.

Tanto en el racionalismo como en el empirismo clásicos, los fenómenos mentales tienen un papel esencial en la explicación de los fenómenos semióticos. Los juicios eran la expresión de pensamientos, representaciones mentales de la realidad. La comunicación era un proceso mental mediante el cual se hacían llegar las representaciones mentales de un hablante a un auditorio. Ese proceso elemental como columna vertebral de la comunicación es lo que las Investigaciones pusieron en cuestión, proporcionando tesis diferentes que provocaron un vuelco en las concepciones tradicionales del lenguaje.

La clave de la nueva concepción es la noción general de juego, y en particular de juego lingüístico. En las Investigaciones se realiza un minucioso análisis de las propiedades que comparten los juegos y las actividades lingüísticas; proyectó ésas en el comportamiento lingüístico, tratando de penetrar en su lógica interna. Juego de lenguaje presenta acepciones diferentes:

  • Modelos simplificados de comportamiento lingüístico, como ciertos sistemas de comunicación inventados por él.
  • Actividades lingüísticas reales.

La noción de juego no sólo tiene un aspecto metodológicamente descriptivo, sino también una dimensión heurística: como los modelos simplificados de otros ámbitos de la ciencia, nos permite captar con claridad los mecanismos esenciales de los fenómenos que estamos tratando de explicar. Los juegos y el lenguaje humano son internamente heterogéneos.

Otro de los puntos que rechazó del Tractatus y de la tradición fue, que desde Platón a Frege, la denominación es la función semántica paradigmática, la que establece la conexión esencial entre el lenguaje y la realidad. En las Investigaciones, la nominación es un juego del lenguaje más.

Decir que cualquier expresión nombre algo, tiene cierta capacidad explicativa pero no tiene mucho contenido. Captar el papel significativo de una expresión supone el conocimiento concreto de su función en un juego de lenguaje. Sus críticas están dirigidas contra la idea de que existen expresiones lógicamente simples y básicas en todo lenguaje, que establecen una relación directa e inefable con la realidad. En las Investigaciones, la falsa concepción del lenguaje básico es fruto de la forma peculiar de equivocarse los filósofos. La confusión filosófica consiste generalmente en extraer una expresión del juego de lenguaje en el que tienen su propio sentido, y extrapolarlas a otro ámbito distinto, con pretensiones de generalidad o esencialidad. Esta legítima búsqueda es el velo que impide ver la esencial complejidad y heterogeneidad del lenguaje, que es una consecuencia de la heterogeneidad y complejidad de las formas en que vivimos.

Vivir en el lenguaje

La noción de juego de lenguaje en las Investigaciones es correlativa con la de forma de vida, es imposible explicar una sin recurrir a la otra. Tienen una función metodológica, ilustran mecanismos y conexiones que se dan en las situaciones reales de comunicación; hacen ver en una forma muy esquematizada la complejidad de nuestros usos lingüísticos y la estrecha conexión que tienen éstos con nuestras acciones sociales.

Los juegos de lenguaje son una muestra de la inabarcabilidad de las formas en que utilizamos realmente el lenguaje. Luchar contra esa imagen de que existe un reino de objetos no lingüísticos y otro de expresiones lingüísticas, y que la significación consiste en la relación entre ambos ámbitos es uno de los principales propósitos de las Investigaciones; el significado no es una cosa sino un uso.

La noción de uso lingüístico ha recibido múltiples y matizadas interpretaciones, pero queda claro que no es ningún objeto. Una explicación de significado implica una descripción de actividades humanas, una especificación de su función en una determinada forma de vida. Desde el punto de vista gramatical existen varios tipos de oraciones que se distinguen por características estructurales; pero lo importante para Wittgenstein es dilucidar si los tipos de oraciones determinan tipos de significado, clases homogéneas de uso.

La respuesta es rotundamente negativa: las aparentes homogeneidades estructurales esconden una infinita variedad de usos, indeterminadas posibilidades de que tales oraciones entren a formar parte de juegos lingüísticos. Lo interesante es que los aspectos gramaticales o estructurales de la oración no determinan su significado. Existe la libertad de inventar y vivir nuevas formas de comunicación que den lugar a nuevos juegos de lenguaje, a nuevos significados. El lenguaje no determina la realidad, tampoco determina la vida.

El imperio de las reglas

El concepto clave para entender la concepción lingüística general es el de regla. El mismo concepto es objeto de una indeterminación propia de todos los términos generales e incluso de los nombres propios. La fuente de donde mana el sentido de nuestros términos es funcional, relativa al contexto de la forma de vida de la que participan, el significado de un término no puede constituir una realidad fija, sino que es esencialmente abierto. Así sucede con el término regla, del cual existen muchas clases o acepciones.

Es posible que las reglas lingüísticas no tengan mucho que ver con otros tipos de reglas. La concepción lingüística en el Tractatus estaba basada en una regla lógica parte constituyente de un sistema y que se aplica de forma determinista. Ésta noción de regla es la que rechaza en las Investigaciones. Para el segundo Wittgenstein las reglas lingüísticas son ante todo reglas de uso lingüístico, rigen la correcta aplicación de los términos en relación con situaciones comunicativas concretas. Pueden admitir diferentes modalidades de enunciación y no son universales, sino relativas a comunidades de comunicación concretas. Tampoco son homogéneas. Guardan entre sí un aire de familia, relaciones de parecido no transitivas que constituyen un conjunto pero no un sistema.

La gramática no es una totalidad estructurada internamente por propiedades formales ni genera una realidad homogénea, no es trascendental. El papel de las reglas es el de inducir regularidades en la conducta que posibiliten la comunicación. El concepto de regularidad está lógicamente unido al de identidad relativa: cuando afirmamos que existe una regularidad, se produce una misma conducta. Por eso el análisis del concepto de regla implica el análisis de la identidad de conductas y una respuesta a una eventual postura escéptica acerca de la observancia de reglas. Para el análisis:

  • Primero elucidamos lo que es observar una regla de la conexión que se establece entre creencia y conducta.
  • Segundo se demuestra que la observancia de reglas es necesariamente un proceso público controlable y valorable intersubjetivamente, este es el archiconocido argumento de Wittgenstein en contra del lenguaje privado.

Seguir una regla ha de conceptualizarse como una práctica, es preciso distinguir cuidadosamente entre las reglas y las formulaciones de reglas. El hecho de que una expresión sea considerada como la formulación de una regla depende de la forma en que se use la expresión, no de ninguna propiedad de la expresión misma. Tampoco hay que confundir la regla con lo expresado por la formulación de la regla. Ello conduciría a un platonismo desaforado, reino de entidades abstractas como las reglas conducirían a un callejón sin salida.

Si se distingue entre la regla y su aplicación, se abre una especie de regreso al infinito: para saber cuando es correcta la aplicación, deberíamos dominar otra regla, para la cual nos sería precisa una de orden superior y así sucesivamente. Es preciso concebir las reglas de forma que sean inseparables de sus aplicaciones, hay que pensarlas como prácticas sociales, objeto de adiestramiento y de transmisión cultural. Wittgenstein extrajo dos consecuencias:

  1. Seguir una regla es diferente e independiente de pensar que se sigue una regla
  2. No se puede seguir una regla privadamente.

El concepto de observancia de una regla es lógicamente inseparable del concepto de corrección, cosustancial a la gramática de regla, a las condiciones que definen el uso de esa expresión, que podamos enjuiciar y estar de acuerdo en que estamos observando una regla. Si la observancia de una regla fuera lo mismo que la creencia de que se sigue la regla, la posibilidad de desacuerdo, evaluación o corrección desaparecería. Siempre podría existir una regla en concordancia con la conducta.

Si existen reglas privadas, las que regulan el uso de términos como dolor son perfectas candidatas. Todas las sensaciones son privadas en un sentido general. Si lo que diera significado a los términos fueran sensaciones particulares, el significado sería privado y tal lenguaje sería incorregible en dos sentidos:

  • No podría dudar de la corrección de mi aplicación de una regla privada
  • Ninguna otra persona sería capaz de decir si utilizo correctamente el lenguaje

Como la observancia de una regla implica poder decir si se sigue o no, criterios de corrección, el hipotético lenguaje privado no puede consistir en la aplicación de reglas, carece de reglas, es un absurdo lógico. La alternativa que ofreció Wittgenstein fue la de considerar el uso de los términos de sensaciones como una forma más de manifestación de esas sensaciones, como una práctica aprendida para expresar tales sensaciones.

Tal práctica no sólo está sujeta a criterios de corrección, sino que también posibilita la mentira y el fingimiento, es pública y observable, íntimamente entretejida con otros actos y desde el punto de vista filosófico, es independiente tanto del ámbito platónico de los objetos ideales como del cartesiano de las representaciones mentales.

Gramática y Filosofía

El análisis de las nociones de regla y de observancia de una regla muestra las continuidades y discontinuidades del Tractatus respecto a las Investigaciones. Entre las continuidades:

  • La filosofía sigue concibiéndose como un conjunto de técnicas de análisis del lenguaje
  • La aplicación de esas técnicas ha de tener como consecuencia una aclaración de la propia naturaleza del lenguaje
  • Tal iluminación permite trazar un límite a lo que se puede decir con sentido
  • La filosofía es una práctica que no es equiparable a la ciencia: su objetivo no es la profundización en nuestra comprensión del lenguaje y de la comunicación
  • Esa mejora en nuestra comprensión nos ha de permitir desembarazarnos de los problemas filosóficos, ha de suprimir el desasosiego que provocan: o Un problema filosófico tiene la forma ”no se como salir del atolladero” o La filosofía no puede en modo alguno interferir con el uso efectivo del lenguaje, a la postre solo puede describirlo
  • Pues no puede tampoco fundamentarlo

Deja todo como está o La filosofía expone meramente todo y no explica ni deduce nada. Puesto que todo yace abiertamente, no hay nada que explicar. Las diferencias se sitúan en dos planos, el de diagnóstico y el de la metodología filosófica. Wittgenstein compartió con Frege y Russell la idea de que la causa de los problemas filosóficos es la incomprensión de la naturaleza lógica del lenguaje.

Las expresiones que parecen enunciar profundos problemas filosóficos, ocultan su auténtica naturaleza lógica. Cuando el análisis se ha efectuado desvelando la forma lógica real de la expresión, el problema queda resuelto. El lenguaje toma contacto con la realidad a través de esa estructura lógica. Al abandonar la teoría del lenguaje como representación también abandonó la idea de que los problemas filosóficos surgieran de la incomprensión de la lógica de nuestro lenguaje. Llegó a la conclusión de que el lenguaje natural no tiene una forma lógica. El análisis ha de tener entonces como objetivo el lenguaje tal como se nos presenta.

Los problemas filosóficos no surgen de la naturaleza del propio lenguaje, sino del uso que hacemos de él. El método que propone el Tractatus es el del análisis lógico intervencionista, consiste en analizar las proposiciones hasta que sus últimos componentes y las conexiones lógicas entre ellos queden completamente claras. El método propio de las Investigaciones no es lógico, sino elucidativo.

Como el lenguaje natural está en orden se trata de comprenderlo mejor, el camino fundamental es la captación de la gramática de las expresiones. La filosofía es una investigación gramatical. Por investigación gramatical hay que entender la que consiste en averiguar cuáles son las reglas que regulan la aplicación correcta de una expresión. Para descubrir tales reglas, es preciso analizar los diferentes juegos del lenguaje en que puede entrar la expresión, determinar la función que desempeña en esos juegos y elucidar las relaciones entre unos y otros usos.

Los problemas filosóficos son resultado de pulsiones lingüísticas, consiste en reformular preguntas como si fueran referentes a la gramática de las expresiones correspondientes. Cuando realizamos tal reconsideración, observamos que los problemas filosóficos no se resuelven, sino que se disuelven: su irrealidad queda puesta de manifiesto en el análisis de funcionamiento comunicativo de las expresiones.

Tesis fundamentales del Tractatus

El concepto de “Lenguaje” y el concepto de “mundo” son dos de los elemenos fundamentales del Tractatus. El  Lenguaje se interpreta como la suma de proposiciones moleculares y atómicas. El mundo es la suma de hechos moleculares.

El lenguaje es la representación formal del mundo. Detrás de esta afirmación está el reconocimiento de una realidad física y de un lenguaje en términos aseverativos (discurso cognitivo que se puede fundamentar científica o lógicamente). Existen dos tipos de realidades. Tambien existen otros tipos de discursos, pero éstos no son relevantes.

Cuando hablamos de lenguaje, nos estamos refiriendo a un lenguaje

  • aseverativo, aquél que podemos aseverar, es decir, V ó F
  • lógico, aquel que capta la estructura lógica del lenguaje ordinario

Para establecer una conexión o una estructura lógica entre lenguaje/realidad, es necesario un lenguaje formal. Este lenguaje recoge la esencia lógica de la relación especular entre la realidad y el lenguaje.

Veamos las siete tesis del Tractatus en el marco del atomismo lógico:

  1. El mundo es todo lo que acontece. El mundo físico está integrado por una serie de hechos que pueden ser atómicos o moleculares.
    1. Los hechos atómicos son aquellos que definen la esencia del mundo y vienen representados por las sensaciones.
    2. Los hechos moleculares derivan de la combinación de hechos atómicos.
  2. Un hecho representa la existencia de un estado de cosas. Para que una proposición represente algo, el hecho debe existir. Cuando una proposición representa un hecho existente estaremos ante una proposición que tiene sentido. A su vez, cuando una proposición representa un hecho no existente estaremos ante una proposición que no tiene sentido. Cuando una proposición tiene sentido entonces puede ser V o F.
  3. La forma lógica de un hecho es el pensamiento. Existe una identificación entre pensamiento y lenguaje. Por tanto, no podría haber pensamiento sin lenguaje. No podemos considerar el pensamiento como algo anterior al lenguaje. El lenguaje formal se identifica con el pensamiento. Por lo tanto, el pensamiento también tiene una estructura formal. Lo único que cabe en este pensamiento, como pensamiento lógico, es la estructura lógica de un hecho físico. Eso no quiere decir que el pensamiento no tenga otra cosa que hechos físicos. Es cierto que existen imágenes de naturaleza heterogénea. Pero si queremos elaborar una Teoría fundamentada tenemos que fijarnos en los hechos físicos, porque el resto de las imágenes representan proposiciones sin sentido. Por tanto, los pensamientos, al igual que las proposiciones, pueden ser sin sentido, pero, para elaborar una teoría, sólo me interesan las que poseen sentido.
  4. El pensamiento es una proposición con sentido.El pensamiento es un entramado heterogéneo. Pero, para elaborar una teoría, sólo me interesa los datos objetivos que vienen representados por los hechos físicos. Cuando hablamos de hechos físicos podemos llegar a un grado de intersubjetividad máxima. En cambio, para el resto de los hechos no existe el mismo grado de convencionalidad. Este grado de convencionalidad (la estructura lógica que subyace a la representación simbólica de la realidad física) de los hechos físicos viene dado por su estructura lógica. Por lo tanto, cuando hablamos de hechos físicos, hablamos de un significado cognitivo. En cambio, cuando hablamos del resto de hechos, hablamos de un significado emotivo.
  5. Una proposición es una función veritativa que está integrada por proposiciones elementales o atómicas. Una función veritativa es aquella que posee un valor de verdad: puede ser V ó F. Nosotros podemos representar la realidad mediante proposiciones complejas. Pero éstas no están en contacto directo con la realidad, por lo que tenemos que descomponerla en proposiciones atómicas. Por tanto, el valor de verdad de la proposición molecular deriva del valor de verdad de las proposiciones atómicas. En pasos quedaría así:
    1. Partimos de una proposición molecular
    2. Descomponemos la proposición molecular en proposiciones atómicas.
    3. Hallamos el valor de verdad de cada una de las proposiciones atómicas.
    4. Hallamos el valor de verdad de la proposición molecular.
  6. La forma lógica de una proposición compleja ( o el valor de verdad de una proposición compleja) viene dada por la combinación de valores de las proposiciones atómicas.
  7. De lo que no se pude hablar mejor callar. Aquí Wittgenstein distingue entre proposiciones:
    1. con sentido: presentan un significado cognitivo; podemos hablar porque se fundamentan lógicamente
    2. sin sentido: presentan un significado emotivo; no podemos hablar porque no se fundamentan lógicamente

Isomorfía entre lenguaje y realidad

Cuando hablamos de isomorfía queremos decir que cada elemento de la realidad está representado por un elemento del lenguaje. Hablar de isomorfía es hablar de una relación de simetría entre elementos. También nos estamos refiriendo a una relación de estructuras de la realidad y del lenguaje. Hay una relación de elemento y una relación de situación.

Cualquier tipo de representación debe tener una forma determinada, debe tener una forma de representación. Cualquier tipo de representación actúa como un patrón o modelo de la realidad. ¿Qué consecuencias teóricas tiene esto? Dentro de un marco puramente cognitivo.

Cualquier representación debe representar algo posible. Esa representación puede ser verdadera o falsa, correcta o incorrecta. Una representación V es aquélla que representa la posibilidad real de estados de cosas.

La forma básica de la representación es la forma lógica. La forma lógica de un hecho es un pensamiento. Por lo tanto, la representación lógica es un pensamiento. Cualquier representación es igual a un pensamiento.

Pensamiento y lenguaje se identifican. A medida que vamos estructurando el lenguaje también vamos estructurando el pensamiento. El pensamiento es una representación formal y nuestro objetivo teórico es definir cómo es esa representación. Cuando hablamos de representación formal estamos afirmando que hay un esquema lógico último que unifica todas las representaciones. El pensamiento nunca puede superar el ámbito de lo lógico, el ámbito de lo posible. Por tanto:

  • Pensamiento y lenguaje se identifican.
  • El pensamiento no puede ir más allá de lo lógico.
  • El lenguaje es un sistema de proposiciones que tienen como función representar cumpliendo con el principio de isomorfía. Mientras que el pensamiento es un sistema interno, el lenguaje es un sistema externo de comunicación. Esta es la única diferencia.
  • El lenguaje sirve para marcar límites entre lo que se puede decir y lo que no se puede decir.

Decir y Mostrar

Wittgenstein distingue entre decir y mostrar. Se dice algo cuando se representa algo, mientras que se muestra algo cuando no se representa isomórficamente la realidad. De ahí que hable de proposiciones con sentido y proposiciones sin sentido.

Pues bien, el pensamiento sólo juega con la parte que se puede decir o representar. Mientras que el lenguaje, a pesar de estar integrado también por estos elementos, nos permite distinguir entre lo que se puede decir y lo que se puede mostrar.

¿Podemos decir que el lenguaje se implica en el ámbito de lo no formal? El lenguaje ordinario da saltos entre ambos ámbitos.

El lenguaje no puede superar nunca el ámbito de lo formalmente establecido. El lenguaje cotidiano sí lo supera, pero éste no lo podemos teorizar.

Elementos que integran el lenguaje

El lenguaje está formado por proposiciones que, a su vez, se pueden dividir en nombres. Hay una diferencia importante de representación entre ambos conceptos:

  • Nombre: representa un objeto. Wittgenstein no define correctamente lo que entiende por objeto. Podrían considerarse a los objetos como elementos mínimos. Su significado viene dado por el referente.
  • Proposición: representa un hecho(tampoco define un hecho), que serían los elementos complejos. Los hechos son estados de cosas (objetos) que se combinan. Su significado viene dado por el sentido.

La realidad se ve reflejada en nuestro sistema simbólico. Los nombres tienen referente, pero no tienen sentido. Mientras que las proposiciones tienen sentido pero no tienen referente. Los nombres tienen referente porque están en contacto directo con la realidad, por eso, sólo de los nombres, podemos afirmar que tienen referente. Sin embargo, una proposición refleja un sistema complejo que ya no tiene una relación directa con la realidad, por eso, no tienen referente, sólo tienen sentido. Tener sentido, aquí significa, representar una estructura.

La referencia es una relación uno a uno: nombre con objeto. El sentido es una relación entre estructuras. Primero captamos el sentido de una proposición y luego su verdad o falsedad.

Para ver si una proposición es verdadera o falsa hay que descomponerla en nombres y ver si tienen un referente.

Mundo y Realidad

Wittgenstein distingue entre mundo y realidad.

  • Mundo es aquello que acontece, esto es, la totalidad de hechos. Es decir, la totalidad de estado de cosas existentes. Es el ámbito de las realizaciones.
  • Realidad es la totalidad de estado de cosas existentes y no existentes, Esto es, la totalidad de lo posible. Es el ámbito de las posibilidades, de las proposiciones verdaderas y falsas.

Tanto el mundo como la realidad tienen una estructuración lógica. Hablar de mundo es hablar de objeto, estado de cosas y hechos o situaciones. El principio de isomorfía se cumple, en un sentido estricto, entre nombres y objetos, porque es aquí donde se mantiene una relación directa con el mundo.

La proposiciones poseen un significado cognitivo, las pseudoproposiciones tienen un fundamento emotivo. La teoría que hemos desarrollado hasta ahora no se puede aplicar a las pseudoproposiciones. Dentro este ámbito estarían la ética, la metafísica, la estética….

Las pseudoproposiciones no dicen sino muestran y, por tanto, no las podemos teorizar. La filosofía tendría que utilizar todo el entramado teórico del Tractatus para distinguir entre proposiciones cognitivas o con sentido y proposiciones emotivas o sin sentido. Las proposiciones lógicas tienen una naturaleza distinta de las cognitivas y se marcan como un conjunto distinto porque son las que definen la estructura general de la realidad.

La teoría figurativa del sentido

El Tractatus contiene la teoría figurativa del significado, o del sentido. Según ella, una proposición es una figura (o representación) de una parcela de la realidad. Una proposición es una figura (una especie de mapa o dibujo peculiar) de una situación real (es decir, existente) o hipotética.

La figura representa los estados de cosas en el espacio lógico, la existencia y no existencia de los hechos atómicos. Comprender una proposición es conocer la situación o el estado de cosas que representa. Ser figura de una situación es lo mismo que describirla o ser un modelo de ella

La proposición es la descripción de un estado de cosas. Entender una proposición quiere decir, si es verdadera, saber lo que acaece. Quien entiende lo que dice una proposición sabe qué hecho describe esta proposición. En una proposición construimos una situación a modo de experimento, creamos un mundo con la ayuda de un armazón o andamiaje lógico, formado por palabras con significado.

La proposición construye un mundo con la ayuda de un armazón lógico; por ello es posible ver en la proposición, si es verdadera, el aspecto lógico de la realidad. Es de este modo que las proposiciones son modelos, son reproducciones de hechos o de situaciones imaginadas, forjadas a base de los recursos que nuestro lenguaje pone a nuestra disposición. Wittgenstein explica cómo una proposición es figura de la realidad.

Parte de dos premisas:

  • La primera es que una proposición es algo articulado lógicamente (como una pieza musical en la cual su composición exige un plan). La proposición sería un signo articulado. La proposición es una figura de un estado de cosas sólo en cuanto está lógicamente articulada
  • La segunda premisa es que una proposición, así como el pensamiento que expresa, debe compartir con la situación que describa una misma estructura, a la cual Wittgenstein denomina forma pictórica o forma lógica

La relación figurativa consiste en la coordinación de los elementos de la figura y de las cosas. Proposición y realidad comparten la forma lógica. Hay dos correlaciones:

  • la de los elementos de la proposición con cosas de la realidad,
  • la de las relaciones entre elementos de la proposición con relaciones entre las cosas de la situación representada.

La relación entre los elementos de la proposición y los elementos de la realidad ha de ser isomórfica. Hay un isomorfismo entre el lenguaje y la realidad. Esto significa que a cada elemento de la proposición debe corresponderle un único elemento de la realidad, y únicamente uno. Por otra parte, siempre que los elementos de una proposición guarden entre sí alguna relación, sus imágenes (los correspondientes elementos de la realidad) deben guardar entre sí la relación correspondiente.

El espacio lógico

Wittgenstein concibe el lenguaje como la totalidad de las proposiciones. Esto equivale a afirmar que el lenguaje es la totalidad de figuras de todas las situaciones existentes o inexistentes.

La totalidad de las proposiciones es el lenguaje. Ahora bien, si antes afirmaba que el lenguaje es figura o modelo de la realidad, habrá que determinar cuales son los correlatos extralingüísticos de la proposición. Los elementos de la proposición que tienen correlatos en el mundo o en las situaciones imaginarias son los signos simples o nombres. Su función en la proposición es la de servir de representantes de objetos. Los nombres tienen significado, su significado es el objeto en lugar del cual están en la proposición. Son elementos simples que no se pueden analizar. Su significado lo obtienen en el contexto de la proposición. Toda proposición acerca de un complejo puede resolverse mediante el análisis en una proposición en la que todo lo esencial se diga mediante combinación de nombres (no obstante, dentro de las proposiciones no todo son nombres, sino que hay también partículas lógicas que no son nombres de nada). Las proposiciones elementales son meras combinaciones de nombres. A una configuración de nombres en la proposición le corresponde una configuración de objetos en una situación.

Pero, ¿qué son esos objetos? Antes que nada, decir que son simples, no compuestos. Son los átomos, no físicos, sino lógicos, del mundo (es decir, lo que el análisis del lenguaje exige). Son los últimos constituyentes de todo lo demás, y en especial de los hechos y situaciones posibles.

Cuando los objetos se combinan forman lo que Wittgenstein llama estados de cosas. A los signos le corresponden los objetos, y a las combinaciones de signos le corresponden los estados de cosas. Sólo falta que unas y otras combinaciones compartan una misma estructura formal para que el ajuste lenguaje-realidad sea perfecto. La teoría de los estados de cosas tiene dos consecuencias:

  • con independencia de que las situaciones sean o no existentes, los objetos que las forman son inalterables, son lo que subsiste. La substancia del mundo. 2.021 Los objetos forman la sustancia del mundo, por eso no pueden ser compuestos
  • una vez que se han dado todos los objetos, se han dado todas las posibles situaciones. Tan pronto como se ha fijado la totalidad de objetos, se ha determinado también qué puede y qué no puede entrar en el conjunto de los posibles estados de cosas.

De entre los estados de cosas, algunos existen y otros no. La realidad está configurada por la existencia y la no existencia de los estados de cosas.

El mundo es todo lo que acaece. El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas. Lo que acaece, el hecho, es la existencia de los estados de cosas El mundo que dibuja el Tractatus es la suma total de la realidad, la suma total de unos y otros estados de cosas. El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas. Los hechos, en el espacio lógico, son el mundo. El espacio lógico es el espacio de todos los mundos posibles. En este espacio, nuestro mundo, el mundo está unívocamente determinado por la existencia de algunos estados de cosas y por la inexistencia de los restantes. Si otros hubiesen sido los estados de cosas existentes, otro hubiera sido el mundo. Todas estas alternativas al mundo son denominadas mundos posibles. El espacio lógico es el conjunto de todos los mundos posibles, así como del mundo real.

Para Wittgenstein, el sentido de una proposición es la situación que describe. La figura representa lo que representa, independientemente de su verdad o falsedad, por medio de la forma de figuración. La proposición puede ser verdadera o falsa sólo en cuanto es figura de la realidad.

El espacio lógico es el conjunto de posibilidades que podría tener el mundo cuando puede ser descrito de acuerdo con un número fijo de proposiciones elementales. El espacio lógico correspondiente a un número de proposiciones es lo que representa la tabla de atribución de los valores de verdad formada por todas las asignaciones de verdad simultáneas a las n proposiciones.

Una vez dado un lenguaje (un conjunto de proposiciones) el espacio lógico correspondiente a este lenguaje contiene todo aquello que puede decirse con sentido mediante el lenguaje. La figura representa un estado de cosas posible en el espacio lógico. Más allá de este espacio lógico no queda ya nada que el lenguaje pueda representar. Lo que no puede decirse. Para Wittgenstein sólo los hechos pueden ser figuras de estados de cosas. El lenguaje pertenece al mundo, de ahí que deba haber algún error en esa imagen en la que el lenguaje y el mundo son cosas separadas y contrapuestas. El error radica en vernos a nosotros mismos fuera del mundo y fuera del lenguaje. No existe ese lugar fuera del mundo y del lenguaje.

Por otra parte, no podemos decir por medio de nuestro lenguaje cual es la estructura o forma lógica de las proposiciones y, por consiguiente, tampoco podemos decir cual es la forma lógica o estructura de la realidad. Para hacer esto tendríamos que salirnos de la lógica y del mundo, y esto no puede hacerse. La lógica traza los límites del pensamiento humano, haciendo que éste sea posible.

La lógica llena el mundo; los límites del mundo son también sus límites. Nosotros no podemos, pues, decir en lógica: en el mundo hay esto y lo de más allá; aquello y lo otro, no. Esto parece, aparentemente, presuponer que excluimos ciertas posibilidades, lo que no puede ser, pues, de lo contrario, la lógica saldría de los límites del mundo; esto es, siempre que pudiese considerar igualmente estos límites también desde el otro lado.

Lo que no podemos pensar no podemos pensarlo. Tampoco, pues, podemos decir lo que no podemos pensar. Salirse de la lógica sería poder pensar lo ilógico, lo cual no es posible. Los frutos del pensar son las proposiciones. Si el lenguaje es la totalidad de las proposiciones con sentido, salirse de la lógica es salirse del lenguaje, y los límites del lenguaje son los límites del mundo. El lenguaje define el espacio de todas las situaciones descritas por él. Por eso es un límite.

Para Wittgenstein si se nos preguntase cómo sería un mundo ilógico, no podríamos decirlo. Aunque no pueda decirse cual es la forma lógica de una proposición, nuestro lenguaje muestra esas cosas. El lenguaje no hace factible decirlas, pero unas y otras encuentran reflejo, se manifiestan en él. El lenguaje dicta las condiciones bajo las cuales es posible el mundo y bajo las cuales hablamos del espacio lógico.

La principal consecuencia del Tractatus es la de investigar sistemáticamente las conexiones entre lenguaje y realidad, es decir, la imposibilidad de la teoría semántica. Esas conexiones entre nombres y objetos, entre proposiciones y situaciones, pueden aprenderse, pues se reflejan en el lenguaje y en el uso que hacemos de él.

Wittgenstein propone un criterio para distinguir las proposiciones con sentido de las que no lo tienen. El verdadero método de la filosofía sería propiamente éste: no decir nada, sino aquello que se puede decir; es decir, las proposiciones de la ciencia natural – algo, pues, que no tiene nada que ver con la filosofía –; y siempre que alguien quisiera decir algo de carácter metafísico, demostrarle que no ha dado significado a ciertos signos en sus proposiciones. Este método dejaría descontentos a los demás – pues no tendrían el sentimiento de que estábamos enseñándoles filosofía –, pero sería el único estrictamente correcto La filosofía, pues, no es el conjunto de proposiciones verdaderas.

La totalidad de las proposiciones verdaderas constituyen la ciencia natural. La misión de la filosofía es explorar esa posibilidad del espacio lógico que es el mundo. La filosofía es un esclarecimiento lógico del pensamiento, a saber, el análisis lógico del lenguaje. El lenguaje oculta o disfraza el pensamiento. La filosofía está plagada de errores debido a la equivocidad de los signos. Hay que construir un sistema de signos regido por una adecuada sintaxis lógica en la que a cada símbolo le corresponda únicamente un signo.

Desde un punto de vista filosófico, perseguir un sistema así es uno de los objetivos del análisis lógico. La filosofía tiene que fijar las fronteras del pensamiento (y de la ciencia natural), es decir, especificar las condiciones de lo que puede decirse. Una consecuencia de esta concepción es que las proposiciones éticas son imposibles.

Es claro que la ética no se puede expresar. La ética es trascendental (Etica y estética son lo mismo) Por ejemplo, si yo digo que es bueno moralmente honrar a los padres, esta proposición es ilocalizable en el espacio lógico, ya que esta afirmación no describe ningún hecho del mundo. Los valores morales o éticos no son cualidades del mundo. Una máxima moral pretende ver el mundo desde fuera y compararlo con otros mundos posibles. Pero esto no puede hacerse ya que esto no lo podemos encontrar en el espacio lógico.

El primer pensamiento que surge cuando se propone una ley ética de la forma «tú debes» es: ¿y qué si no lo hago? La odisea del filósofo es que sus doctrinas han traspasado los límites del sentido. Para la filosofía el único camino posible es el análisis lógico. La solución del problema de la vida está en la desaparición de este problema. ¿No es ésta la razón de que los hombres que han llegado a ver claro el sentido de la vida, después de mucho dudar, no sepan decir en qué consiste este sentido?…De lo que no se puede hablar, mejor es callarse 😉 .